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Mostrando las entradas etiquetadas como pop

Cayendo hacia arriba

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No creo que sea posible entender la producción musical reciente de nuestro país sin tener en cuenta a Los Planetas, un grupo que proyecta su alargadísima sombra sobre ese no tan heterogéneo conjunto de escenas al que solemos referirnos como indie . La influencia de Los Planetas trasciende barreras estilísticas y generacionales, siendo posible encontrar huellas de la misma en lugares insospechados; aunque mis referencias preferidas sean las de índole más bien metamusical. Por ejemplo, en «Mi estrategia vital» escuchamos a unos jóvenes Grushenka ironizar sobre como «esto no lo arregla [...] ni san J de Los Planetas», mientras que el más veterano Luis Brea se refiere en «Baso es con "v"» a «esa puta canción de Los Planetas», justo antes de que la batería arranque con el ritmo de «Segundo premio» . Mi propio interés por esta banda siempre ha sido más bien tibio y centrado en sus primeros álbumes, además del recopilatorio de singles y caras B titulado Canciones para una orque...

Desperate Journalist: usando palabras largas

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Ya he mencionado en alguna ocasión cómo hace años que la etiqueta post-punk murió de éxito, echado a perder su valor descriptivo por el exceso de uso. Su empleo hoy sirve para poco más que señalar unos postulados estéticos no demasiado específicos, sin realmente dar una idea de a qué sonará un grupo más allá de enfatizar su querencia por los primeros años ochenta en su variedad británica. Sin embargo, pocas categorías capturan mi atención como esta y no puedo dejar de interesarme por aquellos grupos que referencian una época que ha llegado a convertirse en mi El Dorado personal en lo que a música se refiere. Mi curiosidad por los grupos listados bajo esta etiqueta me ha llevado hasta hallazgos tan interesantes como Dead Rabbits, a quienes las bondades de su repertorio ayudan a alzarse por encima de lo predecible de su sonido. Mucho más inusual es que me tope con bandas del calibre de Desperate Journalist que, sin ser precisamente una flor rara, sí cultivan sonoridades menos comun...

Is the Is Are: en la de guisar

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Cada nueva noticia de DIIV recibida durante los casi cuatro años transcurridos desde la publicación de Oshin me ha hecho temer por la llegada de su segundo álbum. En este periodo Zachary Cole Smith se ha mostrado más dispuesto a acometer un tópico descenso a los infiernos que a ofrecer nueva música, aunque su detención por posesión de heroína finalmente quedó en anécdota y hoy parece rehabilitado. No obstante, la banda ha tenido que reemplazar a su batería original a causa de similares hábitos destructivos, mientras que la rancia bazofia vertida en internet por su bajista ha causado una controversia a la postre insuficiente para forzar su despido. Sin embargo, mi cotilleo preferido ha sido la escuálida polémica creada hace un par de años por un Smith dispuesto a enmendar la plana a Grimes, acusándola de no ser una auténtica vegana debido a su afición a disfrutar de una tarrina de helado de vez en cuando. Es llamativo que el yonqui que entonces era Smith mostrara tal preocupación por ...

Pequeño circo: yo iba al Maravillas

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La literatura sobre música popular escrita en España es tan escasa que cada nueva publicación debiera ser poco menos que celebrada. Sin embargo, los medios especializados de este país no suelen prestar gran atención al ensayo y, así, el relativo ninguneo sufrido por Pequeño circo no resulta en modo alguno inesperado. Esta obra del periodista Nando Cruz, subtitulada Historia oral del indie en España , pretende dar una visión de conjunto del panorama musical independiente surgido hacia los años noventa del siglo pasado. Pocas escenas han dejado un legado tan exiguo como esta y no puedo atribuir más que a una curiosidad insana el haber conseguido abrirme paso a través de casi mil páginas que versan sobre unos grupos que, en su mayor parte, me interesan aún menos hoy de lo que lo hicieron entonces. Las escasas reseñas aparecidas en medios no generalistas han comparado invariablemente Pequeño circo con otras dos obras: Please Kill Me de Legs McNeil y Gillian McCain y la mucho más re...

Duran Duran: bajo una luna ámbar

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Mi primer contacto con Duran Duran tuvo lugar durante el que quizá fue su periodo de mayor gloria, marcado por los álbumes Seven and the Ragged Tiger y Arena , un disco en directo del que se extrajo el single «The Wild Boys». El vídeo promocional de esta canción es precisamente uno de mis recuerdos musicales más antiguos, registrado de manera indeleble en mi memoria aunque el elemental conocimiento del inglés que entonces poseía me hiciera creer durante años que llevaba por título «Bad Boys» (y aún hoy la red muestra que no fui el único en cometer tal error). Pero mi auténtico interés en la banda británica no comenzó hasta la resurrección propiciada por su segundo álbum homónimo, que a la postre sería más conocido como The Wedding Album . Aquel disco continúa estando entre mis preferidos de Duran Duran pero en el primer puesto de un podio imaginario no podría colocar otro que Rio . Es este un álbum repleto de elementos que individualmente suelo encontrar aburridos, si no abomina...

Viet Cong: Radio Hanoi

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Cada vez que doy por enterrado el resurgimiento del post-punk me veo rebatido por alguna nueva banda, tal vez ansiosa por demostrar que las posibilidades estilísticas del género superan a las alcanzadas por su encarnación primigenia. Aun así, la inclusión ocasional en esta categoría de un disco como el debut de Mourn me llena de perplejidad: máxime cuando el par de canciones que he escuchado del grupo de Barcelona más bien me remiten al sonido de bandas como Best Coast. Por el contrario, la reseña del álbum homónimo de Viet Cong publicada en Mondosonoro sí me hizo pensar que este grupo pudiera ser un nuevo portador de la antorcha. Pero durante el tiempo transcurrido entre la lectura de aquel breve texto y la escucha del disco tuve ocasión de leer una elogiosa crítica en Pitchfork y verlo en Stereogum como álbum de la semana, además de convertirse en objeto de un interesante artículo en The Quietus y, finalmente, aparecer en Jenesaispop. Viet Cong se había convertido en un grupo de mod...

El misterio de las voces élficas

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Cuando conocí a Cocteau Twins la banda escocesa se hallaba en las postrimerías de su carrera. Su relevancia no solía ser puesta en duda pero tampoco era raro que se la considerara una antigualla heredada de los años ochenta, entonces todavía demasiado cercanos para ser reivindicados sin asomo de sonrojo. Es posible que su nombre no esté tan presente en el discurso musical dominante como el de algunos de sus coetáneos pero su legado es hoy más visible que nunca y su influencia se deja sentir en el sonido de numerosas bandas. Algunos de estos grupos afines han terminado recalando en Bella Union, la compañía discográfica fundada por Robin Guthrie y Simon Raymonde tras la disolución de Cocteau Twins. Por supuesto, era inevitable que Bella Union publicara el primer trabajo de Snowbird, un proyecto del propio Raymonde junto a la cantante estadounidense Stephanie Dosen. Pero las primeras escuchas de  Moon han supuesto una pequeña decepción, quizá agudizada por las expectativas gener...

Metronomy: errores de medición

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Alguna vez he relatado la naturaleza casual de muchos de mis descubrimientos musicales, normalmente hechos gracias a un pequeño detalle leído de soslayo en cualquier reseña minúscula que llama mi atención y que pasa a funcionar como un auténtico mapa del tesoro. En ocasiones estas pistas se revelan como un callejón sin salida aunque en otras me conducen a algún hallazgo no del todo inesperado. Mucho más a menudo escucho música que se abre paso hasta mí por pura fuerza bruta, a base de acumular referencias procedentes de diversos medios. Así es como hace tres años me topé con  The English Riviera de Metronomy, un grupo del que sabía tan poco que hasta hace unos días pensaba que el mencionado álbum era su primer trabajo de larga duración cuando en realidad ya era nada menos que el tercero, por no mencionar su abultado número de EP publicados. Ni siquiera recuerdo que mi primera escucha de este disco naciera de un interés genuino sino más bien de la simple curiosidad, combinada ...

The Smiths: hoy te esperaré

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Aunque el vaso imaginario que contiene mis lecturas sobre The Smiths debe estar próximo a rebosar, de tanto en tanto encuentro algún nuevo volumen que despierta mi curiosidad sobre la banda. Con el paso del tiempo mi interés en conocer nuevos detalles sobre el grupo de Manchester se ha ido desvaneciendo hasta casi la insignificancia pero a veces es reavivado por el buen hacer que se desprende de algunas obras, particularmente cuando una mano bienintencionada las deja caer en mi regazo. Y así, una de mis últimas adquisiciones ha sido The Smiths , una antología de ensayos sobre la banda británica compilada por Fruela Fernández y cuyo subtítulo Música, política y deseo parece aludir al variado carácter de los textos que la componen. La naturaleza de los mismos es ciertamente diversa y mientras que algunos han sido escritos ex profeso para la ocasión, otros son más antiguos en origen y rebuscados en su procedencia. De este modo The Smiths se configura como un mosaico difícil de valo...

The Messenger: mensajes del ayer

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A pesar de haber aprendido a amar la música de The Smiths desde mi interés por la figura de su guitarrista he encontrado mucho más apetecible seguir las posteriores correrías del otro colíder de la banda, el inefable Steven Morrissey. Quizá se deba a que la carrera de este último consiste únicamente en una relativamente extensa serie de álbumes en solitario, mientras que el resto de la producción musical de Johnny Marr se reparte entre un buen número de bandas. Por desgracia, mi interés por la mayoría de estos grupos era escaso antes de la incorporación de Marr y mi afición a su música nunca pasó de ser algo impostado. Dejando de lado un álbum grabado bajo el nombre de Johnny Marr + The Healers, la sola excepción a la mercenaria y casi funcionarial carrera del guitarrista de Manchester es su paso por Electronic. Pero de los tres álbumes fruto de esta colaboración con Bernard Sumner tan solo el primero ha encontrado algún acomodo en mi memoria y, de hecho, nunca he llegado a dedica...

Loom: blanqueados por el sol

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Mi generación parece vivir atenazada por las garras de la nostalgia, a juzgar por la profusión de libros y otros medios dedicados a capturar el ayer. Estos artefactos son en algunas ocasiones más o menos fieles al original; en otras el pasado se reimagina completamente, con la finalidad de convertirlo en un producto de consumo apto para públicos masivos, encantados con esta oportunidad de aproximarse a las experiencias que les hubiera gustado vivir en aquellos días. Pero el método más insidioso que la nostalgia emplea para conseguir que volvamos la vista atrás es hacer que lo nuevo remede lo viejo. La plaga de remakes y adaptaciones que hoy doblega al cine quizá sea el resultado más pernicioso de este conservadurismo cultural, aunque no estoy tan convencido de que las actitudes retrospectivas estén siendo igualmente nefastas para la música. Por ejemplo, la década de los ochenta ha sido a menudo víctima de reacciones y ataques no siempre justificados, que a la postre causaron la p...

The Chameleons: saber lo que es real

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Los aires cuasi góticos de mucho del post-punk reciente no han evitado que Joy Division continúe siendo una referencia aparentemente obligatoria al describir el sonido de prácticamente todas estas bandas. Grupos como Savages son comparados rutinariamente con el del fallecido Ian Curtis y, aunque estos símiles no resistan una escucha mínimamente analítica, a menudo la banda ha de salir al paso de tales afirmaciones para reiterar que sus grupos de cabecera son otros. Incluso ha habido reacciones más airadas, como la de Harry McVeigh de White Lies al afirmar hace unos años que, horror, no le gustaban Joy Division, probablemente para remarcar que su propia banda se inspira mucho más en la new wave que en el post-punk y que tiene bastante más que ver con Echo and the Bunnymen o The Chameleons que con la banda de Manchester. Los mencionados The Chameleons son uno de esos esquivos grupos que son citados mucho más a menudo de lo que son escuchados. A pesar de ello su legado es fácil de...

Bit of a Blur: ¿el palacio de la sabiduría?

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La lectura de biografías no está entre mis pasatiempos preferidos aunque suelo hacer excepciones con los relatos vitales de músicos, en especial cuando ellos mismos son los narradores. No puedo negar que este interés mío se debe en buena medida a la mitomanía, si bien es cierto que no es la única razón que me hace aproximarme a las vidas de estos personajes. El motivo que me gusta considerar como principal es la curiosidad por asomarme a sus procesos creativos, así como el descubrimiento de la motivación que informa su actividad artística. Mi interés por Blur siempre ha sido algo más que pasajero y el grupo es uno de los pocos pesos pesados del llamado britpop cuya música sigo revisitando con asiduidad, aunque algunos momentos de sus últimos álbumes me produzcan un hastío comparable al que me inspira la obra reciente de Radiohead. Y desde luego que la autobiografía de una figura tan carismática como su bajista iba a producirme algo de curiosidad, a pesar de que las únicas noticias ...

Eagulls: mala suerte

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Llevo bastante tiempo intentando dar por finalizado el resurgimiento del post-punk , más o menos desde el periodo comprendido entre la revelación de Editors como el espejismo que quizá siempre fueron y la publicación del irregular cuarto álbum de Interpol. Pero últimamente me he cuestionado hasta qué punto es posible tildar de simple revival a un movimiento tan complejo como el post-punk de este siglo, que ya supera holgadamente en longevidad a la escena de los años ochenta y que, lejos de limitarse a caer en «joydivisionismos» gratuitos, ha explorado un buen número de avenidas musicales. Y es que entre los aires cuasi góticos de Savages y el ramalazo pop de The Drums hay una paleta sonora tan extensa que hace pensar que el post-punk ha mutado en etiqueta genérica, de espectro tan amplio como puedan serlo otras como power pop o punk rock . Un grupo como los mencionados The Drums siempre me ha inspirado no poco recelo y, aunque interesantes, no puedo dejar de considerar sus dos d...

El fondo del aire es rojo: me arrepiento de nada

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Estos días son habituales los lamentos a propósito del declive de la agenda cultural madrileña, evidenciado en los cierres de sus cines, teatros y salas de conciertos. Pero en lo relativo a estas últimas hace ya años que tengo la sensación de que su posición como alternativa de ocio ocupa un plano cada vez más discreto, con la mayoría del público limitándose a asistir a las actuaciones de bandas de las que ya es fan e ignorando a los grupos noveles. Estos últimos se ven así desprovistos de uno de los canales más efectivos para dar a conocer su música, a despecho de lo que nos han contado acerca de las posibilidades que ofrece internet. Espíritusanto ha sido uno de esos grupos que he conocido en un concierto al que asistí de manera casual. Esta banda madrileña aúna un buen número de referencias de los años ochenta y noventa para desarrollar un sonido que, aunque basado en las guitarras eléctricas, le debe no poco carácter a su componente electrónico y a la especial personalidad que l...

Lush: memoria de lo efímero

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Buena parte de mi presente fascinación por las bandas agrupadas bajo la ambigua etiqueta de shoegazing arranca de un temprano interés en el carácter etéreo de Cocteau Twins, así como de la curiosidad por el aura de malditismo que durante mucho tiempo arropó a grupos como Ride. A finales de los años noventa del pasado siglo solía relatarse cómo el shoegaze había reducido la escena musical británica a la irrelevancia, propiciando su conquista momentánea por la invasión grunge y salvándose tan solo gracias a la heroica aparición del britpop , cual oportuno San Jorge. Tal interpretación no ofrecía fisura alguna y una revisión positiva del shoegazing no ha sido posible hasta fecha reciente, auspiciada por la aparición de un buen puñado de nuevos grupos ansiosos por reivindicar aquellos sonidos y culminando con el retorno de algunos miembros de la vieja guardia como Swervedriver y hasta de luminarias del calibre de My Bloody Valentine o Slowdive. Pero de las bandas que conformaron a...

L'aventurier: la sombra amarilla

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Nouvelle Vague ha llegado a ser uno de los grupos que más veces he visto en directo y no he faltado a sus citas madrileñas desde que los conociera durante la gira promocional de su  Bande à part . Calificarlo de «grupo de versiones» a secas es quedarse un poco corto a la hora de definir una banda que ha conseguido dotarse de algo parecido a una personalidad propia, aún a costa de constreñirse a una fórmula agotada ya en sus tres primeros álbumes. Pero fue precisamente en su cuarto trabajo — Couleurs sur Paris — donde escuché por primera vez «L'aventurier», un tema de los franceses Indochine, de quienes nunca había oído hablar. Aún así, las escasas palabras que conseguía entender de la letra (gracias a unos más que oxidados conocimientos de francés) me parecieron lo suficientemente evocadoras como para decidir acercarme al tema original. ¿Una canción pop que hablaba de filibusteros y sultanes? En estos tiempos de desbordante amor por todo lo retro hay pocas emociones tan devalu...

Mecano 82: la tele se acaba

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Mecano es uno de tantos grupos a los que el éxito masivo no sólo ha proporcionado una nutrida legión de fans sino también numerosísimos detractores. Con la posible excepción de Héroes del Silencio, el trío madrileño ha llegado a convertirse en el polarizador por excelencia, provocando reacciones encontradas cada vez que se menciona su nombre en casi cualquier ambiente musical. Y es que, a pesar de que ocasionalmente se produce algún tibio intento de reivindicación, una opinión muy extendida es que el grupo se halla inequívocamente en el campo de las cosas que "no molan". Las razones aducidas son diversas pero las menos banales suelen resumirse en lo simplista de sus letras y en un percibido déficit de honestidad artística. Si bien el legado musical de Mecano es hoy casi irrelevante, no me ha resultado difícil inventarme motivos para leer Mecano 82 de Grace Morales: la sempiterna fascinación por la década de los ochenta, un poco de curiosidad y genuino interés en conocer l...

Get Ready: el mundo en tus manos

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Es posible que mi interés en New Order no haya sido constante a lo largo de los años pero nunca ha llegado a desvanecerse del todo. Quizá por ello mi curiosidad por la banda británica haya terminado extendiéndose a parientes más o menos cercanos, comenzando por sus ilustres progenitores hasta llegar a descendientes casi bastardos como Electronic, Monaco o Bad Lieutenant. Casi siempre me he dirigido a estas bandas con la intención de encontrar en ellas algo de New Order, aunque en ocasiones fuera el cansancio por la fórmula original lo que propiciara esta búsqueda. Los altibajos mencionados en mi apreciación de New Order se extienden a parte de su discografía y, así, un álbum como Technique hoy no me parece la obra cumbre de antaño sino un disco demasiado lastrado por la coyuntura temporal que lo vio nacer. Pero el álbum que más ha llegado a sorprenderme con el paso del tiempo es Get Ready . Publicado en un momento en el que había perdido la pista a la banda hasta el punto de dar...

Autobiography: postadolescencia

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He sido fan de The Smiths durante buena parte de mi vida pero nunca he comprendido del todo la práctica de considerar el trabajo en solitario de Steven Morrissey como una suerte de colofón a la trayectoria de su grupo. Ambas cosas están lejos de formar un todo indisoluble y en mi caso fue el guitarrista Johnny Marr quien se convirtió en el principal objeto de mis devociones, además de la inspiración que me llevó a coger un instrumento por vez primera. Por contra, la figura de Morrissey siempre me ha parecido menos interesante en lo musical, con mi interés en él debiéndose a elementos como su talante lenguaraz o una capacidad de generar controversia aparentemente infinita. En cualquier caso es difícil encontrar textos sobre The Smiths que, de un modo u otro, no pongan el acento en la figura de Morrissey. Ya mi primera adquisición —publicada por la recordada editorial La Máscara— hacía gala de un título tan inequívoco como The Smiths & Morrissey mientras que la mucho más reciente...