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Mostrando las entradas etiquetadas como rock

Cayendo hacia arriba

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No creo que sea posible entender la producción musical reciente de nuestro país sin tener en cuenta a Los Planetas, un grupo que proyecta su alargadísima sombra sobre ese no tan heterogéneo conjunto de escenas al que solemos referirnos como indie . La influencia de Los Planetas trasciende barreras estilísticas y generacionales, siendo posible encontrar huellas de la misma en lugares insospechados; aunque mis referencias preferidas sean las de índole más bien metamusical. Por ejemplo, en «Mi estrategia vital» escuchamos a unos jóvenes Grushenka ironizar sobre como «esto no lo arregla [...] ni san J de Los Planetas», mientras que el más veterano Luis Brea se refiere en «Baso es con "v"» a «esa puta canción de Los Planetas», justo antes de que la batería arranque con el ritmo de «Segundo premio» . Mi propio interés por esta banda siempre ha sido más bien tibio y centrado en sus primeros álbumes, además del recopilatorio de singles y caras B titulado Canciones para una orque...

Altar de Fey: casi póstumos

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Ni siquiera en sus comienzos el rock gótico fue un todo monolítico y su hipotética esencia original no tardó en ser tamizada por diversas influencias. Quizá por la distancia que la separaba de los epicentros del siniestrismo europeo, la variedad que floreció en California a principios de los años ochenta contó con unas particulares señas de identidad: en especial una mayor afinidad con el hardcore que por allí se estilaba que con el punk de inspiración británica. Christian Death fueron los fundadores y abanderados incuestionables de esta corriente bautizada como deathrock . Pero el caso de Altar de Fey es muy diferente y francamente emocionante, aunque quepa preguntarse en qué medida su historia es una falsa mitología, construida de manera similar a lo relatado sobre Sixto Rodríguez en el documental Searching for Sugar Man . Altar de Fey fue un grupo de deathrock que, tras un brevísimo recorrido hacia mediados de la década de los ochenta, solo legó a la posteridad algunas grabac...

Desperate Journalist: usando palabras largas

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Ya he mencionado en alguna ocasión cómo hace años que la etiqueta post-punk murió de éxito, echado a perder su valor descriptivo por el exceso de uso. Su empleo hoy sirve para poco más que señalar unos postulados estéticos no demasiado específicos, sin realmente dar una idea de a qué sonará un grupo más allá de enfatizar su querencia por los primeros años ochenta en su variedad británica. Sin embargo, pocas categorías capturan mi atención como esta y no puedo dejar de interesarme por aquellos grupos que referencian una época que ha llegado a convertirse en mi El Dorado personal en lo que a música se refiere. Mi curiosidad por los grupos listados bajo esta etiqueta me ha llevado hasta hallazgos tan interesantes como Dead Rabbits, a quienes las bondades de su repertorio ayudan a alzarse por encima de lo predecible de su sonido. Mucho más inusual es que me tope con bandas del calibre de Desperate Journalist que, sin ser precisamente una flor rara, sí cultivan sonoridades menos comun...

American Thighs: el billete dorado

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La importancia de la literatura infantil y juvenil como fuente de inspiración debiera estar fuera de toda duda, habida cuenta del peso de su legado en la cultura popular. La historia interminable es un ejemplo incuestionable, cuya influencia es visible por doquier aún hoy. Pero encuentro de especial interés que al menos tres grupos musicales hayan tomado su nombre de algún hallazgo realizado entre sus páginas: los metaleros Atreyu, los « indies » Vetusta Morla y los inefables Auryn. Por el contrario, tardé muchos años en descubrir que el nombre de Veruca Salt también era literario en origen, con la banda habiendo adoptado el nombre de la niña repelente de Charlie y la fábrica de chocolate . Como siempre, la vergüenza sentida ante cualquier asomo de ignorancia en asuntos de letras me hizo incluir esta novela de Roald Dahl en mi siempre abultada lista de libros pendientes. Y ahí continúa hasta hoy, sin que haya encontrado el momento para ir más allá de la adaptación dirigida por Tim Bu...

Makthaverskan: ¿quién sobrevivirá?

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Mi interés por la música nunca me llevó a convertirme en un oyente habitual de radio, ni siquiera en la época en que era una de las vías primarias para entrar en contacto con nuevos grupos. Siempre dejé este medio en un segundo plano, prefiriendo guiarme por recomendaciones de amigos y conocidos, además de lo leído o vislumbrado en revistas y fanzines. Y sin embargo hoy ha llegado a escuchar mucha más radio que antaño, siempre en la variante de programas a la carta que se ha dado en llamar podcasts y casi nunca de aquellos dedicados a la música. Por ello me ha parecido verdaderamente inusitado conocer a Makthaverskan de este modo, sin saber en un principio quienes eran los autores de aquella canción que me había intrigado casi desde su primer compás. Finalizada la investigación pertinente, Makthaverskan ha resultado ser una joven banda de Gotemburgo que cultiva una variedad de rock gótico en la que se insinúan muchos de los usuales progenitores ilustres, pero evitando holgadament...

Pequeño circo: yo iba al Maravillas

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La literatura sobre música popular escrita en España es tan escasa que cada nueva publicación debiera ser poco menos que celebrada. Sin embargo, los medios especializados de este país no suelen prestar gran atención al ensayo y, así, el relativo ninguneo sufrido por Pequeño circo no resulta en modo alguno inesperado. Esta obra del periodista Nando Cruz, subtitulada Historia oral del indie en España , pretende dar una visión de conjunto del panorama musical independiente surgido hacia los años noventa del siglo pasado. Pocas escenas han dejado un legado tan exiguo como esta y no puedo atribuir más que a una curiosidad insana el haber conseguido abrirme paso a través de casi mil páginas que versan sobre unos grupos que, en su mayor parte, me interesan aún menos hoy de lo que lo hicieron entonces. Las escasas reseñas aparecidas en medios no generalistas han comparado invariablemente Pequeño circo con otras dos obras: Please Kill Me de Legs McNeil y Gillian McCain y la mucho más re...

School of Rock: contrarrevolución

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Una de las visiones del rock que encuentro más difícil de asimilar es la que se esfuerza en retratarlo como una disciplina de carácter monolítico, regulada por múltiples normas y poblada por un número creciente de artistas intocables y discos imprescindibles. Un melómano ya no puede limitarse a cultivar las parcelas de su interés porque el eclecticismo ha dejado de ser una opción personal para convertirse en algo exigible a todo connoisseur . De este modo, cada uno de los álbumes que aparecen entre los quinientos mejores de todos los tiempos según la NME —o en cualquier otra lista de moda— merece nuestra atención y su escucha es exigible, sin importar que prefiramos el punk o el funk: el hipsterismo se ha consolidado como la vertiente musical del pensamiento único. Este afán por considerar el rock como una rama más del saber puede verse con claridad en una película como School of Rock , que señala los estrechos cauces por los que debe discurrir la música popular y el inmenso núme...

En pequeñas dosis

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Durante las últimas décadas la música que generalmente es llamada gótica ha existido en numerosas formas, comenzando con aquellos primigenios grupos de post-punk tímidamente oscuros que dieron lugar a las bandas de rock gótico que apostaban más decididamente por las tinieblas. Posteriormente este tronco común iría diversificándose hasta casi escindirse en dos tendencias difícilmente conciliables: por un lado la dark wave surgida de coqueteos con la electrónica y por otro los sonidos que se aproximaban al metal. Pero mientras tanto el rock gótico languideció hasta su casi desaparición, asfixiado por el encorsetamiento al que muchos de sus exponentes se sometían al intentar conformarse a vacuas convenciones de género. Ya en el siglo XXI el post-punk volvería a ser un genero incluso demasiado relevante, del que surgirá un puñado de grupos interesados en explorar vías más tenebrosas de lo usual. Éste es el caso de Monozid, banda alemana poseedora de un carácter ligeramente más oscuro...

Rojos bajo la cama

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En alguna ocasión he afirmado que asignar etiquetas a los grupos musicales es en buena medida un ejercicio de futilidad, aunque también sea algo necesario e incluso divertido. No creo que debieran emplearse otros criterios además de los musicales para esta labor de clasificación pero a veces es inevitable apoyarse en otros elementos; aunque de este modo haya quien llegue a tildar a Marilyn Manson de góticos, basándose en la oscuridad residual presente en su sonido y, sobre todo, en algo tan accesorio como su imagen. Por mi parte, hace años me costaba considerar el punk como tal atendiendo exclusivamente a criterios musicales. No entendía que un género tan comprometido e ideologizado en su origen pudiera llegar a carecer de posicionamiento político alguno. ¿Eran punk los Green Day de Dookie ? A mí no me lo parecían, desde luego. Pero con el tiempo he aprendido a desligar ideología de sonido y soy capaz - a regañadientes, eso sí - de calificar una banda de punk sin exigir nada más que...

Nada de blues

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Exceptuando un puñado de ejemplos - predominantemente acústicos - el dúo nunca ha sido uno de los formatos más populares en el pop y no digamos en el rock. Los responsables de popularizar el concepto en época reciente han sido The White Stripes, famosos por demostrar que un grupo de blues rock relativamente tradicional en sus planteamientos puede defender con solvencia su propuesta en directo con tan sólo dos personas. Muchas otras bandas han seguido el camino abierto por el proyecto de Jack White, si bien lo más común es que el resultado se aderece con una buena dosis de secuencias pregrabadas para ofrecer una mayor solidez sobre el escenario y así nos encontramos con bandas como The Kills o The Ting Tings. Pero Blood Red Shoes no comparte esta afición por la electrónica demostrada por la mayoría de dúos actuales. He llegado a convertirme en un fan de Blood Red Shoes casi por casualidad, desde aquel día en que elegí ir a su concierto en Madrid en lugar de ver a los más conocidos T...

Estos no son los androides que buscáis

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Del mismo modo en que antaño se solia ser socialista "de toda la vida" o en fechas más recientes resulta difícil encontrar votantes confesos del PP, el ámbito de la música pop también se presta a cambios de opinión vertiginosos y giros de ciento ochenta grados. A todos nos gusta subirnos al carro del triunfo y estilos que hoy son denostados mañana podrían llegar a ser reivindicados por sorpresa: tan sólo es necesario que alguien consiga prender una chispa de nostalgia al enarbolar el estandarte harapiento de turno. El actual fervor shoegazer es tan sólo el ejemplo más reciente de los revisionismos de este tipo; aunque tampoco podemos olvidar aquella pasión por lo post-punk que a la postre no fue tan pasajera y, como no, la perenne nostalgia por los años noventa del pasado siglo. La aparición del fenómeno grunge a comienzos de los noventa ha sido interpretada en ocasiones como una reacción a los aspectos más afectados de la década anterior, sustituyendo emperifollamiento...

La transgresión domesticada

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Vivimos en una época en la que demasiado a menudo nuestro discurso tiende a lo anémico, esquivando la reflexión propia para buscar refugio en los lugares comunes del pensamiento ajeno. Casi sin darnos cuenta recogemos opiniones de otros asumiéndolas como propias, en muchos casos para ocultar nuestro desconocimiento sobre un tema determinado, como si la ignorancia fuera un crimen en la era de la Wikipedia. Es así como un buen puñado de opiniones subjetivas (¿y cuál no lo es?) llega a adquirir esa sólida categoría de verdad inapelable. Una de esas cosas que todo el mundo "sabe" es que la versión de Hurt interpretada por Johnny Cash supera al original de Nine Inch Nails. Entiendo que muchos puedan encontrar más accesible la lectura realizada por Cash, basada en una amable guitarra acústica alejadísima del original de Trent Reznor y sus amenazadores arpegios de guitarra eléctrica tras los cuales se insinúa una cierta disonancia, por no mencionar el ruido blanco o los pasajes ...

Canta, oh musa

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A pesar de no haber llegado a convertirse en uno de esos grupos que llamo "favoritos", Muse siempre me ha parecido una banda interesante, más allá de toda la pirotecnia sonora desplegada por unos Matt Bellamy y Chris Wolstenholme que parecen querer rivalizar con el propio The Edge en lo que a efectos de sonido se refiere. Aunque considerar a Matt Bellamy como el Jimi Hendrix de su generación pueda parecer excesivo - excepto para algún redactor de Total Guitar - sí pienso que Muse ha sido capaz de llevar el concepto de power trio a un nuevo nivel, dando nueva vida y recontextualizando una fórmula casi tan vieja como el rock mismo. Sin embargo, todavía me produce algún desconcierto y no poca desconfianza el hecho de que, en un espacio de tiempo que se me antoja brevísimo, Muse pasara de ser un grupo relativamente minoritario a llenar estadios. Así mismo, el que la ínclita Stephenie Meyer se deshaga en elogios hacia la banda no contribuye precisamente a despejar mis dudas ...

Para siempre

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Hace ya unos cuantos años que el concepto de álbum se halla en franco retroceso por razones de diversa índole. Dejando de lado las causas, el hecho es que la canción - o el hit , si así lo preferimos - ha terminado por despojarse del disfraz de single e imponerse al álbum por pura fuerza bruta. Aquellos argumentos iniciales en defensa de los formatos digitales frente al CD como soporte ya auguraban este resultado, con connoisseurs y listos varios afirmando que no querían estar obligados a comprar un disco completo del que sólo les gustaban unos cuantos temas. Una respuesta facilona hubiera podido ser que quizá debieran prestarle su atención a música diferente (o mejor, vaya) pero prefiero no aventurarme por terrenos tan abruptos. En cualquier caso, éstas y otras razones hacen que a veces se me antoje afectado y hasta anticuado hablar de "discos favoritos", como si ello fuera algo afín a calcular precios en pesetas o alquilar películas en un videoclub. Y, sin embargo, no ...

Perspectiva

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Durante una buena temporada le tuve algo de tirria a Theatre of Tragedy por culpa de la innecesaria versión - casi calco - de Decades con la que se cerraba su EP A Rose for the Dead . En aquel momento me pareció un modo harto afectado de afirmar la sensibilidad gótica del grupo, en una época en la que además el legado de Joy Division no estaba tan sobado como hoy. Pero poco después recibiría en préstamo Aégis , tercer álbum de Theatre of Tragedy y uno de los escasos discos que han conseguido convertirme por sí solos en devoto admirador de una banda. Al igual que los dos álbumes que lo preceden el sonido de Aégis se encuadra decididamente en el gothic metal , si bien algo más blandengue: la voz femenina continúa aportando un toque etéreo pero la masculina ya no recuerda al monstruo de las galletas, por no mencionar los edulcorados arreglos que facilitan la escucha del disco. Parecía claro que Theatre of Tragedy estaba soltando lastre aunque desde luego que yo no estaba preparado ...

Reencuentro

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Si hubiera descubierto a The Gathering a través de cualquiera de sus dos primeros álbumes es posible que ese primer contacto también hubiera sido el último. Aunque algunos momentos de Always... o Almost a Dance se salven de la quema unas voces insípidas y poco afortunadas deslucen el resultado final. Por suerte el primer álbum de The Gathering que cayó en mis manos fue el soberbio Mandylion , con un sonido mucho más depurado y ya con Anneke van Giersbergen al frente. No hubo transición, The Gathering pasó de ser un mediocre grupo de doom metal a convertirse súbitamente en una banda de culto que contaba con una de las mejores vocalistas de la escena europea, amén de unos músicos capaces de trascender los demasiado estrechos confines del metal. No me atrevería a calificar los últimos trabajos de esta banda holandesa como carentes de interés pero el viraje hacia el trip hop iniciado en if_then_else y consolidado con Souvenirs y Home parecía estar llevando su sonido hacia un ca...

En defensa del pop

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Demasiado a menudo ocurre que el término pop es usado de manera despectiva y con ánimo de trivializar, como si el rock tuviera el monopolio de la autenticidad y el pop fuera un mero producto insustancial, fácil de elaborar, digerir y aún más de evacuar. El uso peyorativo de la palabra pop es tan frecuente que parece casi obligado adherirle etiquetas como alternativo o indie para poder referirse de manera respetable a cierta música que, dejando de lado su calidad, no necesariamente supondrá una alternativa a algo o será independiente en el más estricto sentido del término. Pero yo no creo en la dicotomía de rock contra pop y me atrevo a pensar que ambos términos son casi intercambiables en muchos casos. De hecho me gusta hablar de música pop sin prefijos ni apellidos, entendiéndola en su sentido más amplio y no como algo que se posiciona frente al rock o se limita a ceñirse a los sonidos que pueblan las radiofórmulas. Y no es que desprecie todo intento de etiquetado pero no creo nec...

El huevo o la gallina

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A pesar de que Bauhaus nunca llegó a ingresar en la siempre elusiva categoría de mis grupos favoritos tengo que reconocer que los fundadores del llamado rock gótico le pusieron banda sonora a buena parte de mi postadolescencia, con sus oscuras atmósferas y estudiada imagen. De hecho me llegaron a gustar lo suficiente como para no conformarme con sus cuatro álbumes y escuchar algún disco de Love and Rockets, sorprendiéndome al reconocer alguna que otra canción como So Alive por haberla escuchado años atrás en los mismísimos 40 Principales. Y tras haber seguido las andanzas de Daniel Ash, David J y Kevin Haskins no podía dejar de lado la carrera en solitario de Peter Murphy, el cantante y maestro de ceremonias de Bauhaus. Conocí a Peter Murphy a través de una cinta recopilatoria que algún conocido tuvo a bien hacerme llegar y que incluía una siseante grabación de All Night Long . Con el tiempo he llegado a escuchar la mayor parte de su discografía pero a excepción de Deep y Cascade ...

Cadenas de metal

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Aunque en su momento no le presté demasiada atención a la mayoría de los grupos llamados grunge con el paso del tiempo me he ido dando cuenta del gran poso que han dejado en mí. Sin embargo, y aunque ya debería haber transcurrido el tiempo necesario poder evaluar su legado, muy pocos músicos se han dedicado a reivindicar esta vertiente del llamado rock alternativo. Además de Pearl Jam y Soundgarden uno de los grupos que resulta inevitable mencionar es Nirvana, que a estas alturas ya goza de un merecido estatus de clásico moderno. Nunca fui un fan fatal de esta banda de Seattle pero lo cierto es que aprendí a tocar la guitarra estudiando nota a nota las canciones de Nevermind , al igual que muchos músicos aficionados de mi generación marcados tanto por la música de Nirvana como por la muerte de su líder. Pero se ha hablado mucho sobre Nirvana y no pretendo añadir nada nuevo: Heavier than Heaven de Charles R. Cross es una excelente biografía de Kurt Cobain que por supuesto contiene ...

Cotilleo cool

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Prácticamente todos sabemos por vergonzosa experiencia propia que al ser un fan total de cualquier cosa resulta imprescindible saberlo todo acerca del objeto de nuestra veneración, ya sea éste una película, un escritor o un grupo musical. Antaño había que quemarse las pestañas leyendo artículos en fanzines pésimamente fotocopiados y hoy tan sólo hay que hacer unos cuantos clics pero el principio básico de la investigación continúa siendo el mismo: leer todo lo que nuestra estrechez de miras nos permita. Pero no hay que desdeñar la posibilidad de recurrir a libros de verdad, generalmente escritos por una especie elevada de fan, experto hasta niveles académicos en ese tema que nos quita el sueño. Probablemente algo así tenía en mente justo antes de iniciar la lectura de Please Kill Me: The Uncensored Oral History of Punk , de Legs McNeil y Gillian McCain. El tema principal del libro no es otro que el punk en los Estados Unidos de los años setenta, a pesar de que mi edición británica p...