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Mostrando las entradas etiquetadas como cine

Get Out: emplazamiento de producto

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Ocurre con escasa frecuencia que una película de género alcance un éxito comercial tan abrumador como el de Get Out , en España conocida como Déjame salir . En nuestro país incluso consiguió ser la película más vista durante la semana de su estreno, a pesar de haber estado a punto de ser una nueva víctima del tradicional maltrato que en nuestro país suelen sufrir las producciones de terror, ciencia ficción y demás: Get Out fue estrenada tan solo cuatro días antes de que en los EE.UU. se pusiera a la venta en los formatos domésticos usuales. Pero aunque todavía no he tenido ocasión de ver esta película, he llegado a conocerla de una manera íntima en exceso tras haber leído demasiados textos sobre las bondades de su combinación de elementos de horror y comentario social. Su presencia en los medios ha sido apabullante y me he topado con ella en blogs, podcasts, prensa generalista y hasta publicaciones alternativas como La Marea , que normalmente tienden a reservar su espacio para otro...

El infierno son las adaptaciones

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Con independencia de los criterios que utilicemos para medir el éxito, parece incuestionable que Neil Gaiman es un valor en alza. El reconocimiento le llegó a este escritor británico a una edad relativamente temprana gracias a Sandman , una serie de cómics que nunca ha dejado de ser leída, apreciada o reeditada y a la que recientemente su autor ha añadido Overture , un nuevo volumen que funciona como una historia previa: lo que ya hasta la misma RAE llama «precuela». Sin embargo, la producción literaria de Gaiman no se circunscribe al mundo del tebeo e incluye un buen número de novelas y narraciones más breves, además de esporádicos trabajos como guionista. No obstante, la mayor parte de la fama actual —y los ingresos— de Gaiman parece proceder principalmente de adaptaciones de su obra. Dejando de lado una Neverwhere que en realidad fue escrita originalmente para la televisión, ya hemos visto versiones cinematográficas de Stardust y Coraline . Pero esto es poca cosa en comparaci...

Nueva perspectiva horrenda

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El reciente fallecimiento del director estadounidense Jonathan Demme ha venido a confirmar que existe un tipo de seguidor del cine de terror acomplejado por la crónica falta de reconocimiento experimentada por el mismo. Referirse a El silencio de los corderos como el único largometraje de terror que ha recibido un Óscar a la mejor película es, como mínimo, una apropiación muy traída por los pelos: si bien es cierto que esta icónica película de 1991 contiene más de un guiño a las convenciones del subgénero, su inclusión en el mismo no parece en absoluto pertinente. Sin embargo, existen numerosas películas de terror que aparecen frecuentemente en todo tipo de listas de «lo mejor de», con algunos de estos títulos siendo considerados obras clásicas de visionado «imprescindible» para todo cinéfilo. Las menos incluso llegan a ser mencionadas entre las mejores obras de sus directores, como El resplandor de Stanley Kubrick, Alien de Ridley Scott o El exorcista , de William Friedkin. ...

Predestination: soy mi propio abuelo

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Los viajes en el tiempo son un elemento tan recurrente dentro de la ciencia ficción que he de hablar de ellos una vez más. He de confesar que, si bien prefiero las historias basadas en bucles cerrados, encuentro desconcertantes en exceso aquellas películas que, como Primer , requieren de múltiples visionados, la elaboración de un croquis y una extrema capacidad de atención al detalle para llegar a entender qué es lo que está ocurriendo en pantalla. En el extremo opuesto se encuentran las obras al estilo de Los cronocrímenes , más amables y absolutamente comprensibles sin renunciar a una cierta naturaleza de juego intelectual. Una de las últimas películas de este segundo tipo que he tenido la ocasión de ver es la adaptación del relato All You Zombies , de Robert A. Heinlein, aunque en su versión cinematográfica ha sido rebautizada como Predestination . Se alude así a la llamada paradoja de la predestinación: el viaje al pasado de un personaje terminará revelándose como la causa que mot...

Code 46: el amor en los tiempos del virus a la carta

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En época reciente he recuperado la costumbre de llevar un listado de películas que quiero ver en el futuro. No obstante, a veces transcurre tanto tiempo entre anotación y visionado que cuando llega el momento del segundo he olvidado las causas de la primera. Así, muy a menudo no consigo recordar si mi interés nació de la recomendación de algún conocido, de la lectura de una reseña o incluso de su presencia en una de esas listas de los mejores filmes de tal o cual género, tan ubicuas hoy. Mi más reciente experiencia de este tipo ha sido Code 46 , una película de ciencia ficción dirigida por Michael Winterbottom en el periodo que media entre su entretenida 24 Hour Party People y la muy irrelevante 9 Songs . La distopía retratada por Code 46 viene a ser una pesadilla panóptica de tono corporativo, aderezada además con elementos como la manipulación de la memoria humana, la creación de virus mediante ingeniería genética y la posibilidad de incesto accidental provocado por la clonaci...

Protocolos ante el apocalipsis

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Pese a su reciente incursión en el Senado, no creo necesario insistir en que el subgénero «de zombis» está más que exhausto: resoplar con afectado desdén cada vez que algún conocido menciona The Walking Dead es algo en lo que ya invierto demasiada energía. Pero a pesar de todo, en las últimas semanas me las he arreglado para ver no una, sino dos películas cuya trama gira en torno a estos muertos vivientes, infectados o lo que se tercie llamarlos en cada ocasión. El primer aspecto negativo que he hallado en Train to Busan está en el propio título con el que ha sido distribuida en nuestro país, como si usar una traducción al inglés le añadiera un imprescindible plus de foraneidad a una obra procedente de Corea del Sur. Por lo demás, Train to Busan es una película anodina cuyo principal interés radica en sus escenas de acción, con los protagonistas recorriendo el interior del tren que le da título mientras intentan no sucumbir ante las hordas de zombis. Su galería de personajes es...

The Witch: luna de mil caras

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Aunque no me siento obligado a que mis gustos reposen sobre una sólida base analítica, sí necesito comprender por qué algo es de mi interés o no. Precisamente, el desasosiego experimentado mientras veía The Witch tiene que ver más bien con este punto antes que con lo mostrado en pantalla, a pesar de que esta película se intuía perturbadora ya desde su tráiler. En esta ocasión el escenario es algún lugar de la Nueva Inglaterra rural de comienzos del siglo XVII, cuando una familia abandona la comunidad puritana a la que pertenece para fundar una granja por su cuenta en algún lugar dejado de la mano de dios. El metraje no avanzará demasiado antes de dar paso a los usuales sucesos extraños, presenciados siempre desde el punto de vista de los miembros de la familia a excepción del momento en que presenciamos el destino final del bebé raptado. Por desgracia, esta escena viene a destruir en buena medida el misterio planteado, sin aportar gran cosa a un relato de pretendido horror psicológ...

Ex Machina: el espíritu de la máquina

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El inicio del rodaje de Trainspotting 2 me ha hecho darme cuenta de que ya no pienso en Danny Boyle como uno de mis directores preferidos. He olvidado desde cuándo, aunque no creo que fuera mucho después del estreno de Slumdog Millionaire , una película que no me he preocupado por revisitar a pesar de haberla disfrutado en su día. Desde entonces he perdido la pista del británico pero hay dos de sus filmes anteriores a los que regreso cada cierto tiempo. Aunque adolece de ser una película «de zombis» —o, en puridad, «infectados»—, 28 Days Later se las arregla para contar una gran historia mientras trata la mayoría de temas aparecidos en los veintitantos volúmenes y seis temporadas de la plúmbea The Walking Dead . Pero, quizá de manera más especial, Sunshine ha llegado a ser una de mis películas preferidas, gracias a su inspirado cóctel de ciencia ficción dura con un buen número de elementos de otros géneros. Dejando de lado la presencia al timón del propio Boyle, el número de elemen...

Vinyl: mitología del emprendimiento

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Aunque algunas decepciones recientes me hayan llevado a desconfiar aún más de la televisión como medio, todavía queda un buen número de series que me cuesta renunciar a ver. A veces ni siquiera importa que cada episodio frustre un poco más mis expectativas o que mi interés se convierta paulatinamente en algo semejante a la indiferencia. Uno de estos casos ha sido Vinyl , a la que me atrajo una temática que anticipaba como un festín musical y que a la postre no lo ha sido tanto. Ya desde su primer episodio —expositivo en exceso y de narrativa anémica a pesar de sus desbocadas dos horas de duración— Vinyl parece dispuesta a caricaturizar los excesos de la industria musical en la década de los setenta. Pero, dejando de lado las promesas implícitas en su genérico título, los aspectos musicales de la serie son un elemento accesorio en una trama central de corte policiaco. Más que la música en sí, Vinyl explora la abundante mitología creada sobre ella y, así, presenciaremos contubernios...

Crimson Peak: gótico impostado

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Guillermo del Toro me recuerda un poco a esas personas de genuina vocación artística que no pueden sustraerse a la necesidad de trabajar para comer. Así, en su filmografía coexisten películas donde su personalidad e intereses se muestran de manera más que evidente junto a otras que, sin llegar a tratarse de simple prostitución artística, han sido realizadas principalmente con la loable intención de llegar a fin de mes. El espinazo del diablo podría incluirse en el primer grupo mientras que, a pesar de no haberla visto ni planear hacerlo nunca, Pacific Rim se me antoja un buen ejemplo del segundo. Y entre ambos extremos podríamos situar sus adaptaciones de Hellboy , realizadas con la intención de llegar a un público masivo pero sin olvidarse de dar cabida a muchas de sus obsesiones; amén de contar con una temática que de seguro ocupa un lugar de honor en su corazón de friki. Aunque sospechaba que Crimson Peak debía estar más cercana a las obras que podríamos considerar personales,...

Beyond the Black Rainbow: inexistencias inconfesables

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Existe un tipo de cine que me provoca gran incomodidad, excediendo las emociones causadas por lo mostrado en pantalla. Y es que conozco pocas sensaciones tan funestas como la de no estar a la altura de una narración, generalmente por carecer del bagaje necesario para comprender su contenido simbólico o elementos argumentales. Por ello, al experimentar esto con una película popular o aclamada tiendo a echar mano de comparaciones con el «traje nuevo del emperador» y otros dudosos salvavidas, buscando de manera preventiva un escondrijo en el que refugiarme de mis posibles limitaciones. Sin embargo no puedo evitar considerar algunas películas como genuinas tomaduras de pelo. Quizá el problema radique en mi excesiva querencia por el elemento narrativo —al que suelo subordinar todos los demás— aunque de una obra como Holy Motors solo puedo destacar la extraordinaria desfachatez de que hace gala al desgranar su conjunto de no-historias. Así mismo, la casi coetánea Enemy inicialmente apar...

Her: disfonía

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Muy a menudo me hallo en desacuerdo con la opinión mayoritaria sobre alguna obra de ficción, especialmente en lo que respecta al cine.  Gravity es un ejemplo más o menos reciente, una película ensalzada por el grueso de la crítica y que, quizá decepcionado por su espuria etiqueta de ciencia ficción, no fui capaz de disfrutar. El de Her también ha sido uno de estos casos, una película a la que un genuino interés me atrajo inicialmente. Pero mi curiosidad no tardó en remitir, a medida que quedaba patente el contraste entre la profundidad de los temas por ella tratados y lo huero de su argumento. Her transcurre en una Los Ángeles que ha dejado de ser el infierno automovilístico que es hoy para convertirse en un lugar en el que la gente puede desplazarse en transporte público o incluso a pie. Pero casi desde el principio tuve problemas para digerir esta imagen asépticamente optimista de un futuro cercano, donde todo parece por estrenar y en el que empleos inanes permiten vivir ...

Freakangels: conocemos todos vuestros secretos

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La hiperabundancia de remakes en el cine comercial actual es algo contra lo que suelo despotricar a menudo, quejándome tanto del escaso atrevimiento de la presente generación de guionistas como del conservadurismo de los grandes estudios. Por ello encuentro bastante contradictorio no conocer cierto tipo de cine por sus obras originales, sino a través de versiones posteriores. Así me ha ocurrido con un buen número de historias a caballo entre el terror y la ciencia ficción filmadas en la década de los cincuenta, que he disfrutado mediante los remakes realizados en los años setenta y ochenta. Pero películas como La invasión de los ultracuerpos , La mosca o La cosa son responsables de buena parte de mi aprecio por John Carpenter y David Cronenberg y me consuela pensar que, antes que revisiones de los clásicos, puedo considerarlas como nuevas adaptaciones de las obras literarias en las que se basaban aquellos. Una excepción notable es El pueblo de los malditos , que llevaba a la pan...

Mr. Robot: domo arigato

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Fight Club es uno de los poquísimos casos en los que me he decantado por una adaptación antes que por la obra original. La película de David Fincher incluye en su guion una dimensión política adicional que, si bien no está en absoluto ausente en la novela de Chuck Palahniuk, sí se aprecia de manera más patente sobre la pantalla. La escena final, en la que las sedes de las compañías emisoras de tarjetas de crédito son demolidas una tras otra mientras escuchamos Where Is My Mind? lanza un mensaje memorable al tiempo que inequívoco. Dejando a un lado lo similar de su planteamiento, lo que me ha impulsado a ver Mr. Robot ha sido la curiosidad por saber hasta que punto su vago mensaje antisistema aparecería bajo una forma domesticada y de fácil digestión. Quizá por ello mi interés no tardó en dar paso a la extrañeza a medida que avanzaba por los capítulos de la serie. Hay quien ha considerado Mr. Robot como una necesaria puesta al día de Fight Club , obviando el hecho de que la vig...

El hobbit: pasaje de vuelta

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No ha sido hasta hace unas semanas cuando por fin he visto la trilogía en que Peter Jackson ha dividido su adaptación cinematográfica de El hobbit , llevado a ello más por mi menguado sentido del deber que por verdadero interés. Ya me había enfrentado a Un viaje inesperado hacía algún tiempo aunque de aquella primera entrega solo recordaba lo volátil de su tono, oscilante entre la levedad de la obra original y la grandilocuencia propia de las grandes gestas. Pero ver estas tres películas casi de corrido me ha hecho apreciar la enormidad de lo perpetrado por Jackson, que ha reducido al mínimo la densidad argumental de una narrativa destinada a ser mero receptáculo de un sinfín de escenas de acción. El CGI hace que el resultado final tenga mucho de videojuego no interactivo, si bien en esencia se asemeja más a la fantasía rolera de un adolescente. Pero son los cambios argumentales con respecto a la novela lo que ha impedido que tome esta adaptación en serio. Comprendo que algunos de ...

Boyhood: amarillismo

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Me ha costado mucho tiempo pero finalmente he conseguido reconciliarme con el estrecho cauce por el que discurre mi interés en el cine. Ya hay demasiados elementos compitiendo por mi atención y con frecuencia paso por alto estrenos que debieran importarme, o descubro tardíamente la existencia de un clásico que aparentemente todo el mundo ya conocía. Pero aunque mi capacidad de obsesión es limitada y colmar estas lagunas no es algo que considere prioritario, ocasionalmente echo mano de diversos recursos para rescatar algunas películas: recomendaciones de amigos, entradas en la IMDb o la Wikipedia y, de manera más infrecuente e inconfesable, esas listas disfrazadas de artículos que tanto se prodigan en revistas como Jot Down . He olvidado cómo llegué a reparar en Boyhood , pero probablemente fuera a través de una de las mencionadas listas, elaborada con la pretensión de enumerar lo mejor de 2014. Los doce años de rodaje en los que vemos crecer (o envejecer) a sus personajes son probab...

The Door Into Summer: con o sin máquinas

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Nunca he prestado demasiada atención a Regreso al futuro y he terminado por ver estas películas llevado por algo similar al sentido del deber. Parte de mi desgana quizá se deba a unos primeros encuentros harto accidentados: tanto como haber ido a rastras al cine para ver su tercera parte, sin haberle echado un solo vistazo a la segunda entrega y con un visionado fragmentario de la película original por todo bagaje. A pesar de este desencuentro inicial he terminado por reconocer las virtudes de Regreso al futuro y comprender su influencia en la ficción moderna. Ni siquiera The Terminator ha contribuido tanto a la popularización de los viajes por el tiempo y las numerosas convenciones de genero relativas a los mismos, en particular las paradojas causadas al modificar el pasado. Estas elementos, ya explorados en numerosas ocasiones por la ciencia ficción literaria, continúan siendo fuente de inspiración para obras de todo tipo, aunque en ocasiones la tetradimensionalidad se trate de...

Silent Hill: no camines en silencio

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Las películas basadas en videojuegos ocupan uno de los últimos lugares en el escalafón de mis apetencias cinematográficas, no demasiado por delante de las películas de superhéroes. Buena parte de la culpa procede de la decepción que supuso Alone in the Dark , vista mucho antes de haber oído hablar de Uwe Boll. Y aunque el olvido suele comportarse como un amigo compasivo tampoco puedo evitar recordar el hastío experimentado ante Resident Evil , transmutado en película de acción y vehículo para el lucimiento de la futura esposa de su director. Lo perpetrado en esta última fue causa de la reticencia con que me aproximé a Silent Hill , tambien inspirada en una serie de videojuegos de horror a los que en este caso ni siquiera había jugado. De hecho, la posibilidad de hacerlo prácticamente ha dejado de existir: hace unos años Konami afirmó haber perdido el código fuente de la segunda y tercera entregas, llamando la atención una vez más sobre la necesidad de preservación de los videojuegos...

Un día perfecto: se fue a la guerra

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La de «cine español» es una categoría que suelo considerar enteramente irrelevante a la hora de decidirme a ver una película. Es cierto que no me intereso con frecuencia por la ficción que suele hacerse en este país, aunque ello obedece por lo general a razones de índole temática: el patrioterismo de los que recientemente se han desgañitado llamando falso español a Fernando Trueba es un sentimiento al que por fortuna soy ajeno. Así, no fue difícil que se me persuadiera para ver Un día perfecto , la última película de Fernando León de Aranoa. Es esta una obra que, gracias a un reparto mayoritariamente internacional, invita como pocas al uso del espurio elogio «no parece española». Pero más allá de lo anecdótico, Un día perfecto es una excelente historia de aventuras en la que el esperado trasfondo social no supone una cortapisa al entretenimiento, de un modo que me hizo recordar lo realizado por Ken Loach en The Angels' Share . Pero las mayores sorpresas de Un día perfecto n...

Tusk: señor Súper

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No me considero un gran seguidor de Kevin Smith pero con el tiempo he llegado a ver la mayor parte de su obra. En su momento me perdí Clerks y le correspondió a Mallrats iniciarme en el particular universo de este director y guionista estadounidense. Desde entonces he faltado a muy pocas citas con sus películas, además de haber visto algunos capítulos de Comic Book Men ; incluso me he aventurado a leer los escasamente memorables cómics de The Green Hornet guionizados por el propio Smith. La reciente Red State supuso una ruptura relativamente traumática con la mayor parte de la obra anterior de Smith, caracterizada por el inofensivo costumbrismo friki como una de sus principales señas de identidad. Smith se adentra aquí en terrenos más complejos y narra con bastante tino —y un notable deje corrosivo— una historia en la que un poderoso desasosiego emana de elementos tan reales como el fanatismo religioso o las extralimitaciones de las fuerzas de seguridad. El poso de inquietud dej...