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Mostrando las entradas etiquetadas como televisión

Get Out: emplazamiento de producto

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Ocurre con escasa frecuencia que una película de género alcance un éxito comercial tan abrumador como el de Get Out , en España conocida como Déjame salir . En nuestro país incluso consiguió ser la película más vista durante la semana de su estreno, a pesar de haber estado a punto de ser una nueva víctima del tradicional maltrato que en nuestro país suelen sufrir las producciones de terror, ciencia ficción y demás: Get Out fue estrenada tan solo cuatro días antes de que en los EE.UU. se pusiera a la venta en los formatos domésticos usuales. Pero aunque todavía no he tenido ocasión de ver esta película, he llegado a conocerla de una manera íntima en exceso tras haber leído demasiados textos sobre las bondades de su combinación de elementos de horror y comentario social. Su presencia en los medios ha sido apabullante y me he topado con ella en blogs, podcasts, prensa generalista y hasta publicaciones alternativas como La Marea , que normalmente tienden a reservar su espacio para otro...

Incorporated: marco y lienzo

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A pesar del gran florecimiento que experimentó a fines del siglo pasado el cyberpunk ha dejado de estar de moda y, salvo un reducido número de excepciones como la paupérrima Elysium , el grueso de la ciencia ficción popular discurre hoy por otros cauces. Una de las posibles causas es que la realidad que nos está tocando vivir tiene cada vez se asemeja más a los perturbadores futuros imaginados por las luminarias del subgénero. Incluso el propio William Gibson llegó a aducir razones de este tipo para abandonar las ambientaciones futuristas casi por completo durante varios años, aunque finalmente las haya recuperado para The Peripheral , su última novela. Por eso la relativa rareza de una serie como Incorporated ha captado mi interés casi desde el principio, aunque la aparición de las vallas publicitarias anunciando el comienzo de su emisión casi haya coincidido con la noticia de su cancelación. Pero lejos de desanimarme, saber que me enfrentaba a una obra con su duración limitada a...

Vinyl: mitología del emprendimiento

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Aunque algunas decepciones recientes me hayan llevado a desconfiar aún más de la televisión como medio, todavía queda un buen número de series que me cuesta renunciar a ver. A veces ni siquiera importa que cada episodio frustre un poco más mis expectativas o que mi interés se convierta paulatinamente en algo semejante a la indiferencia. Uno de estos casos ha sido Vinyl , a la que me atrajo una temática que anticipaba como un festín musical y que a la postre no lo ha sido tanto. Ya desde su primer episodio —expositivo en exceso y de narrativa anémica a pesar de sus desbocadas dos horas de duración— Vinyl parece dispuesta a caricaturizar los excesos de la industria musical en la década de los setenta. Pero, dejando de lado las promesas implícitas en su genérico título, los aspectos musicales de la serie son un elemento accesorio en una trama central de corte policiaco. Más que la música en sí, Vinyl explora la abundante mitología creada sobre ella y, así, presenciaremos contubernios...

Mr. Robot: domo arigato

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Fight Club es uno de los poquísimos casos en los que me he decantado por una adaptación antes que por la obra original. La película de David Fincher incluye en su guion una dimensión política adicional que, si bien no está en absoluto ausente en la novela de Chuck Palahniuk, sí se aprecia de manera más patente sobre la pantalla. La escena final, en la que las sedes de las compañías emisoras de tarjetas de crédito son demolidas una tras otra mientras escuchamos Where Is My Mind? lanza un mensaje memorable al tiempo que inequívoco. Dejando a un lado lo similar de su planteamiento, lo que me ha impulsado a ver Mr. Robot ha sido la curiosidad por saber hasta que punto su vago mensaje antisistema aparecería bajo una forma domesticada y de fácil digestión. Quizá por ello mi interés no tardó en dar paso a la extrañeza a medida que avanzaba por los capítulos de la serie. Hay quien ha considerado Mr. Robot como una necesaria puesta al día de Fight Club , obviando el hecho de que la vig...

True Detective: el rey amarillo

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Una de las consecuencias de la autofagia que hoy consume al cine comercial ha sido el auge de la televisión. De ser ampliamente considerado un medio de segunda fila, sin apenas calado intelectual, ha pasado a erigirse en salvador de la narrativa audiovisual a través de sus series. Sin embargo, siempre he contemplado este formato con algún recelo, quizá por estar aún más sometido que el cine a los dictados de la industria que lo gobierna. Y los eslóganes que afirman que si Shakespeare estuviera vivo se dedicaría a fregar los baños de la HBO —o algo así— no hacen sino proporcionarme más motivos para la alerta. True Detective ha sido una de las cumbres televisivas de la época reciente, o al menos tal juicio de valor se ha repetido lo suficiente como para convertirse en verdad irrebatible. La evolución de sus personajes, la ambientación, el guion, la interpretación, todo en ella ha sido objeto de elogio. Sin embargo, su segunda temporada a menudo se ha enfrentado a unas crít...

Parks and Recreation: la democracia en América

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No empleo demasiado tiempo en ver series de televisión y la comedia es un género al que me conformo con asomarme muy ocasionalmente. Por ello, nunca había considerado ver una comedia de situación como Parks and Recreation hasta que alguien llamó mi atención sobre la misma, prácticamente poniéndola ante mis ojos. Casi a mi pesar me pareció un divertido pasatiempo y desde entonces he engullido un buen número de sus breves episodios a mi reposado ritmo usual, tan ajeno a excesos y maratones. Pero antes que el elemento cómico de las situaciones presentadas en la serie, encuentro de mayor interés su manera de retratar el nivel local de la política. Es aquí donde la interacción entre sociedad y administración se torna más íntimamente mezquina, con las políticas públicas siendo concebidas e implementadas entre tejemanejes de andar por casa. Ron Swanson, director del departamento de parques que da nombre a la serie, es sin duda el personaje que encuentro más fascinante: un ultraliberal q...

Tusk: señor Súper

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No me considero un gran seguidor de Kevin Smith pero con el tiempo he llegado a ver la mayor parte de su obra. En su momento me perdí Clerks y le correspondió a Mallrats iniciarme en el particular universo de este director y guionista estadounidense. Desde entonces he faltado a muy pocas citas con sus películas, además de haber visto algunos capítulos de Comic Book Men ; incluso me he aventurado a leer los escasamente memorables cómics de The Green Hornet guionizados por el propio Smith. La reciente Red State supuso una ruptura relativamente traumática con la mayor parte de la obra anterior de Smith, caracterizada por el inofensivo costumbrismo friki como una de sus principales señas de identidad. Smith se adentra aquí en terrenos más complejos y narra con bastante tino —y un notable deje corrosivo— una historia en la que un poderoso desasosiego emana de elementos tan reales como el fanatismo religioso o las extralimitaciones de las fuerzas de seguridad. El poso de inquietud dej...

Constantine: rechicero

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Hace pocas semanas que en estas mismas páginas expresaba mi hastío ante esa gran sartén de refritos en que se ha convertido buena parte del sector audiovisual. A la noticia de la adaptación a la pantalla —grande o pequeña— de cualquiera de mis obras predilectas antaño solía sucederla una emoción hoy reemplazada por el fatigoso sentimiento de «¿otra más?». Y no es que tales revisiones me disgusten de entrada pero frecuentemente el medio audiovisual trata sus materiales de construcción con pocos miramientos, retorciéndolos a placer hasta producir una nueva obra. Estos y otros prejuicios me han hecho abordar la adaptación televisiva de Hellblazer con cautelosa demora, a pesar de la gran expectación generada ya desde la difusión de la primera imagen promocional de la serie. En ella podíamos ver un John Constantine caracterizado de manera más que adecuada, a diferencia del encarnado por Keanu Reeves en la pseudoadaptación cinematográfica Constantine de hace diez años, con la que la ser...

Nocturna: feliz en tu día

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Se me ocurren pocos objetos que puedan llegar a ser más interesantes de regalar que un libro, tanto para quien lo hace como desde la perspectiva de quien lo recibe. No creo que haya otro obsequio tan revelador de nuestro conocimiento del destinatario como un volumen bien escogido, amén de los infinitos mensajes que es posible enviar de esta manera. Pero para esto se precisa de cierta familiaridad tanto con el agasajado como con el libro en sí y por ello no suelo regalar libros que no haya leído previamente. Aún así no me gusta agonizar en exceso sobre estos detalles y, lejos de intentar hallar el libro perfecto para cada persona, nunca me ha importado regalar un mismo libro en múltiples ocasiones: quizá no tanto por su carácter polivalente como por alardear de un hallazgo interesante. Y otras veces, las menos, la audacia me conduce a errores como regalar Nocturna , una novela escrita a cuatro manos por Guillermo del Toro y Chuck Hogan (o posiblemente bosquejada por el primero y puli...

Dead State: estaba de parranda

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El apocalipsis zombi como excusa narrativa para llegar al «fin del mundo tal y como lo conocemos» ha sido usado tan a menudo que su más mínima insinuación me conduce sin demora al aburrimiento. A pesar de ello la fuerza de la costumbre hace que siga comprando —y leyendo— cada nuevo volumen publicado de The Walking Dead , un cómic que desde hace mucho evidencia el agotamiento de su fórmula a pesar de esporádicos destellos de genio. A la lectura del tebeo suelo añadir el visionado de su adaptación televisiva aunque cada vez acudo más tarde a la cita anual con Rick y compañía, tal vez por forzar un ilusorio distanciamiento del ubicuo fenómeno Z. Pero a pesar de este y otros pequeños esfuerzos los zombis siguen sin escasear en mi dieta y, además de recuperar clásicos como Return of the Living Dead , la curiosidad a veces me lleva a aproximarme a productos de consumo de masas como World War Z , de torpe guión y unos efectos visuales que llegan a ser hilarantes en su afán por deslumbrar...

Under the Dome: bienvenido a la colonia

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Nunca he dejado de considerarme un seguidor confeso de la obra de Stephen King aunque la lista de mis lecturas recientes se obstine en mostrar que mi antiguo interés casi se ha esfumado. Y es que ya ha transcurrido más de un lustro desde que leyera el díptico formado por las novelas Desperation y The Regulators , que a su vez fueron publicadas originalmente hace casi veinte años. Quizá la causa de que, a pesar de todo, nunca haya contado a King entre mis autores preferidos sea un prurito esnob pero sí lo considero un valor seguro y he recurrido a él en al menos un par de ocasiones para superar un bache en mi hábito lector. Sin embargo me ha costado disfrutar con Under the Dome , quizá porque en lugar de enfrentarme a un libraco de más de mil páginas he decidido conformarme con su adaptación televisiva. La presencia del propio King como productor ejecutivo - junto a su casi tocayo Steven Spielberg - parecía garantizar un mínimo de fidelidad a la novela pero Under the Dome ha resu...

Penny Dreadful: biblia de Tijuana

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No dejar nada a medias es una de mis obsesiones más antiguas, aunque no recuerdo exactamente cómo llegué a pensar que finalizar cada nuevo libro al que me enfrentaba era poco menos que un deber moral. Posiblemente en algún momento llegué a intuir que en ocasiones valía la pena sufrir comienzos poco prometedores, con la esperanza de que el contenido posterior justificara el peaje pagado en áridos pasajes y plúmbeas exposiciones argumentales. Pero en fecha reciente he conseguido comenzar a superar esta neurosis, abandonando a medio camino algunas obras que encuentro aburridas, superfluas o irritantes. Por el momento no he sido capaz de devolver un libro a la estantería antes de llegar hasta su última página, tal vez influenciado por viejos prejuicios que me hacen considerar la letra impresa como una de las máximas expresiones culturales y merecedora de respeto universal. Y por otra parte, la inversión de tiempo necesaria para el visionado de una película no es excesiva y cuando el ted...

Halt and Catch Fire: épica empresarial

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Hace algunas semanas que finalmente encontré la ocasión de leer Retromania de Simon Reynolds, una exhaustiva obra sobre las múltiples maneras en las que la cultura actual se autofagocita. El texto podría haber sido menos prolijo pero a cambio el análisis de las formas en las que la cultura es consumida en la actualidad resulta muy esclarecedor, centrándose sobre todo en lo musical pero sin olvidar otros medios. Reynolds incluso tiene en cuenta la importancia de la moda, insustancial en apariencia pero capaz de fijar de manera perenne la imagen de una época en el imaginario colectivo. Sin embargo, un elemento interesante en el que Retromania no se detiene es el creciente interés en nuestros días por la historia de la informática de consumo y la nostalgia por los primitivos ordenadores personales de los años setenta y ochenta del siglo pasado. El llamado retrogaming está en auge y hasta mi viejo Amstrad CPC ha dejado de ser una antigualla inútil para adquirir un inesperado estatus ...

Canción de hielo y fuego: llévate una rebequita

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Siempre he tendido a encontrar mayor atractivo en las obras que funcionan simultáneamente en varios niveles, involucrando más profundamente al lector, al espectador o incluso al jugador, si es que aceptamos la validez de ciertos videojuegos como vehículos narrativos. Alien es uno de los ejemplos más claros, siendo en esencia una película de terror que no sólo viene ataviada con ropajes de ciencia ficción sino que también pertenece a este género por derecho propio, aprovechando su trasfondo futurista para ponernos en guardia contra la codicia corporativa. También Predator funciona de parecida manera, aunque prescindiendo de la riqueza de temas tratados en beneficio de una superior dosis de acción y efectuando además alguna tímida crítica a la política exterior estadounidense de las postrimerías de la Guerra Fría. Es posible que esta naturaleza poliédrica sea una de las razones por las que Canción de hielo y fuego se ha abierto paso hasta llegar a un público masivo. La saga no s...

Black Mirror: crimentales

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En los últimos tiempos abundan las opiniones que defienden la superioridad de las series de televisión frente a un cine que muchos creen en horas bajas, víctima de una autofagotización impulsada por los grandes estudios. Los argumentos esgrimidos suelen incidir en el gran número de guiones originales existentes en las primeras frente al aluvión de remakes que asfixia al segundo; o al nivel de desarrollo del que llegan a gozar los personajes al no estar sometidos al estricto límite temporal de un largometraje. En todo caso argumento y personajes parecen ser los únicos elementos que se tienen en cuenta y hay quien, de manera harto simplista, llega a distinguir entre series "de trama" y series "de personajes". Pero Black Mirror no tiene cabida en esta tipología tan reduccionista ya que su núcleo y razón de ser no son ni las historias que narra ni los personajes que la pueblan, sino los temas tratados. Esta serie británica es, entre otras cosas, una reflexión sobr...

Ready Player One: la vieja nueva ola

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Al evaluar cualquier tipo de obra de ficción es inevitable tener en cuenta elementos externos y ajenos a sus cualidades. Casi de manera inconsciente no sólo juzgamos una obra por si misma sino ayudándonos de una extensa panoplia de herramientas exógenas: nuestro bagaje cultural, nuestros prejuicios y las expectativas que nos hayamos generado anticipadamente. Y hay pocas críticas más crueles que las efectuadas por alguien que ha visto dichas expectativas defraudadas por cualquier motivo: la publicidad prometía una película de ciencia ficción que en pantalla resultó ser más bien de acción, nos creímos lo expuesto en la contraportada de un libro o, simplemente, un amigo nos recomendó un videojuego que resultó ser de una temática que no contamos entre nuestras favoritas. Un encuentro con algo muy diferente de lo que esperaba es lo que ha causado que mi opinión final sobre Ready Player One no haya sido tan positiva como preveía. Esta novela se anunciaba como algo escrito con geeks y ...

Con piel de lobo

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Una molesta tendencia de buena parte de la narrativa actual es prolongar su extensión más allá de lo necesario, introduciendo elementos secundarios que poco hacen por aumentar la profundidad pero sí añaden duración. Y no es que suela hacerle ascos a las obras extensas pero la inversión en tiempo necesaria para disfrutarlas hasta el final a veces resulta difícilmente justificable. Esas trilogías de literatura fantástica que Timun Mas editaba por docenas hoy se han convertido en tetralogías y hasta heptalogías. Películas como la irrelevante Transformers se aproximan a la marca de las dos horas y media. En el prólogo de The Walking Dead Robert Kirkman expresa su anhelo de escribir una saga de zombis que no termine nunca. Las últimas partes cinematográficas de Harry Potter y Crepúsculo han experimentado una inexplicable mitosis y por si fuera poco, en ambos casos se han lanzado globos sonda sobre hipotéticas continuaciones o spin-offs . Y no podemos pasar por alto que Perdidos precis...

Té con palomitas

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Sherlock Holmes es uno de esos personajes tan incorporados al acervo popular que todos conocemos al menos un pequeño número de detalles sobre él. Porque después de todo, ¿quién no ha leído una novela de Arthur Conan Doyle? ¿De veras queda alguien que no haya visto alguna añeja película sobre alguno de sus casos? En realidad sí, pero a pesar de ello todos nos sabemos grandes expertos en la figura del detective y hasta hemos oído en alguna ocasión al sabio de turno explicarnos el origen cinematográfico de su característica gorra de cazador o la frase condescendiente con que suele regalar los oídos de Watson. Por ello, en el momento de afrontar alguna obra relacionada con la figura de Holmes no hay quien no cuente con una cierta cantidad de ideas preconcebidas sobre el detective y sepa más o menos qué esperar. Ésa es probablemente la razón por la que las últimas reinvenciones (o reimaginaciones si preferimos emplear el desafortunado neologismo al uso) del personaje intentan cambiar, ...

El otro lado

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Neil Gaiman viene a ser a la novela fantástica lo que Tim Burton era al cine hace años, algo así como un gótico de guardia capaz de dibujar atractivas sombras sobre las cosas más cotidianas. Pero tengo que confesar que mi relación con Gaiman comenzó hace no demasiado tiempo, cuando finalmente dejé de resistirme y me hice con el primer volumen de Sandman . Admito no ser un auténtico lector de cómics y, de hecho, hasta época reciente solía referirme a ellos con bien estudiado desdén para desesperación de algunas de mis amistades. Sin embargo Sandman me pareció una obra extremadamente imaginativa y sugerente en su conjunto, que no temía perderse en abstrusas e interesantes digresiones y además osaba tratar temas de cierta profundidad dentro de un contexto fantástico. Por supuesto que mi siguiente paso estaba claro, tenía que leer alguna de las novelas de este individuo porque si había conseguido llegar a tales cotas narrativas con nada menos que un cómic, ¿qué no podría hacer con un lib...