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Mostrando las entradas etiquetadas como gótico

Ullages: medio limón

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El debut de Eagulls fue uno de mis discos preferidos del no tan lejano 2014, durante el brevísimo periodo en el que esta banda de Leeds aún disfrutaba de un cierto trato de favor por parte de la prensa musical británica. Sin embargo, no resulta especialmente llamativo que su segundo trabajo no tuviera una acogida similar tan solo dos años después, con la tibieza de la mayor parte de las críticas induciendo a considerar este disco como una víctima más de la llamada «maldición del segundo álbum». Ya desde su anagramático título, Ullages parece proclamar la intención del grupo de introducir cambios sin renunciar completamente a continuar siendo reconocibles. Así, buena parte de la ira destilada por su predecesor ha mutado en un no del todo sorprendente gusto por la melodía, acompañándose además por una no tan esperable ralentización del tempo de sus composiciones. Canciones como «My Life in Rewind» o «Lemontrees» también revelan el hallazgo de más de un punto en común con Echo and t...

Altar de Fey: casi póstumos

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Ni siquiera en sus comienzos el rock gótico fue un todo monolítico y su hipotética esencia original no tardó en ser tamizada por diversas influencias. Quizá por la distancia que la separaba de los epicentros del siniestrismo europeo, la variedad que floreció en California a principios de los años ochenta contó con unas particulares señas de identidad: en especial una mayor afinidad con el hardcore que por allí se estilaba que con el punk de inspiración británica. Christian Death fueron los fundadores y abanderados incuestionables de esta corriente bautizada como deathrock . Pero el caso de Altar de Fey es muy diferente y francamente emocionante, aunque quepa preguntarse en qué medida su historia es una falsa mitología, construida de manera similar a lo relatado sobre Sixto Rodríguez en el documental Searching for Sugar Man . Altar de Fey fue un grupo de deathrock que, tras un brevísimo recorrido hacia mediados de la década de los ochenta, solo legó a la posteridad algunas grabac...

M: lo que una vez fue

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He de confesar que la mayoría de miembros de la extensa familia del metal me son casi por completo ajenos. Mis escuchas apenas arañan la superficie de este vastísimo yacimiento musical, que en buena medida parece diseñado para ser inaccesible a los profanos. De hecho, sus vertientes más extremas presentan unas elevadísimas barreras de entrada para un oyente casual, exigiendo perseverancia para alcanzar objetivos tan básicos como que todas esas canciones dejen de parecernos la misma. Mi experiencia con el metal se ciñe a algunos de los más accesibles de sus subgéneros: doom , symphonic y, sobre todo, gothic metal . La abundancia de melodías tenebrosas convierte estos estilos en algo que en otra época pude considerar apetecible. Pero el black metal nunca llegó a entrar en mi discoteca más que de manera testimonial, en parte por la aridez que percibía en aquel sonido y en parte por motivos extramusicales como el feísmo imperante en la imagen de los grupos, lo cuestionable de ciertos ...

Makthaverskan: ¿quién sobrevivirá?

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Mi interés por la música nunca me llevó a convertirme en un oyente habitual de radio, ni siquiera en la época en que era una de las vías primarias para entrar en contacto con nuevos grupos. Siempre dejé este medio en un segundo plano, prefiriendo guiarme por recomendaciones de amigos y conocidos, además de lo leído o vislumbrado en revistas y fanzines. Y sin embargo hoy ha llegado a escuchar mucha más radio que antaño, siempre en la variante de programas a la carta que se ha dado en llamar podcasts y casi nunca de aquellos dedicados a la música. Por ello me ha parecido verdaderamente inusitado conocer a Makthaverskan de este modo, sin saber en un principio quienes eran los autores de aquella canción que me había intrigado casi desde su primer compás. Finalizada la investigación pertinente, Makthaverskan ha resultado ser una joven banda de Gotemburgo que cultiva una variedad de rock gótico en la que se insinúan muchos de los usuales progenitores ilustres, pero evitando holgadament...

Savages: con zapatos rojos

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La resurrección del post-punk que se produjo a comienzos de este siglo finalmente ha terminado por quedar en poca cosa, agotadas las formulas de las bandas en su momento señaladas como punteras. Interpol yace en barbecho tras un mediocre álbum homónimo mientras que Ritual de White Lies fue recibido de manera más bien tibia. Por su parte, Editors dan tumbos entre devaneos electrónicos y pop rock de estadio, haciendo gala de una indefinición que parece más propia de Bloc Party, un grupo que a veces se menciona junto a los anteriores por motivos que me son ajenos. En este contexto está apareciendo una nueva ola de grupos cuya aproximación al post-punk es mucho más radical y hasta fundamentalista, sin aparentes intenciones de poner al día las propuestas ni sonar de manera muy diferente a las bandas de treinta años atrás. Directos y primitivos, su crudeza los asemeja aún más a los grupos punk que inspiraron a sus ídolos, al tiempo que los dota de una oscuridad primordial y casi gótica...

Sopor Aeternus: ¿sabes mi nombre?

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Es frecuente que en narrativa de todo tipo, artes plásticas, música o cualquier otro medio las obras que atraen a mayor cantidad de seguidores sean las poseedoras de un mensaje más difuminado, cuyas aristas han sido suavizadas para minimizar el riesgo de ofensa. Pero en muchas ocasiones encuentro de superior interés ciertas obras que parecen diseñadas ex profeso para ahuyentar a buena parte de su público potencial, ya sea por el cultivo deliberado de alguna forma de feísmo, ya por el uso de mecanismos de ofuscación varios. Éste es el caso de Sopor Aeternus & The Ensemble of Shadows, un proyecto musical inclasificable nacido en Frankfurt hace ya más de veinte años. Aunque el nombre nos haga pensar en una formación de líder más banda se trata del proyecto personal del músico alemán Anna-Varney Cantodea, quien a pesar de haber participado en otras aventuras musicales —como Nenia C'alladhan— mantiene Sopor Aeternus como su principal vehículo de expresión. A pesar de contar con...

Siouxsie and the Banshees: la casa de los sueños

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Una de las secciones más predecibles en las entrevistas a músicos es la relativa a sus influencias. Generalmente reacios a encasillarse, los miembros de los grupos a menudo mencionan únicamente referencias esperables por lo evidente o aquellas que consideran apropiadas o merecedoras de respeto. Y así, los artistas reivindicados tienden a ser los mismos una y otra vez, con los legados de David Bowie, The Cure o Joy Division hallándose entre los más impertinentemente manoseados. Muy diferente es la posición de Siouxsie and the Banshees, un grupo al que no se alude tan a menudo a pesar de haber dejado una impronta que aún hoy es posible encontrar en el sonido de no pocas bandas. El afectado estilo vocal de Siouxsie Sioux ha creado escuela pero no menos inspiradoras han sido las imaginativas líneas de bajo de Steven Severin, dotadas de un sonido que hallaría eco en los propios The Cure. Severin ocupa un lugar destacado en mi particular Olimpo de los bajistas, hasta el punto de siempre...

Reserva Espiritual de Occidente: volverá a reir la primavera

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La radicalización del discurso político en cualquier nivel nace demasiado a menudo de una cierta indigencia intelectual, propiciada además por una crispación que vivimos desde hace ya demasiado tiempo. Pero no por ello resulta menos desalentador ver como la ley de Godwin ha saltado de los foros de internet a la vida política española y así, la reductio ad Hitlerum se convierte en un argumento multiusos y cualquier acto puede ser rechazado porque es o se parece a «lo que hacían los nazis», fuera lo que fuera. Es notorio que, antes que descalificar al contrario, estos falaces argumentos desautorizan al que los emplea pero el resultado final siempre es la banalización de episodios tenebrosísimos de la historia, que no debieran ser sacados a relucir por motivos partidistas y políticamente triviales. De diferente naturaleza es la apropiación de símbolos relacionados con los totalitarismos con la mera finalidad de escandalizar. Se trata de una práctica con larga tradición en la escena ...

Strange Boutique: curamos la ceguera

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La labor de reciclaje que la música de comienzos de este siglo está llevando a cabo aún no parece haber alcanzado su límite. Si hace unos años el post-punk hacía sentir su influencia de manera abrumadora, en época más reciente el shoegazing parece ser el movimiento que se reivindica con más fervor. Así, una etiqueta que a finales de los años noventa se empleaba de manera peyorativa para referirse a un periodo de supuesta decadencia del pop, hoy ha pasado a estar de moda y se usa con un orgullo inexistente en la época de su creación. Numerosas bandas siguen aquella estela dejada hace veinte años y hasta My Bloody Valentine ha regresado para publicar un álbum que, a pesar de sus años de retraso, resulta muy apropiado en la presente coyuntura. Más interesante es la actividad de ciertos grupos que emplean el shoegazing como un ingrediente más de sus creaciones, haciendo fusiones impensables y contribuyendo a legitimar este otrora ninguneado género. Por ejemplo, la banda francesa Alce...

En pequeñas dosis

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Durante las últimas décadas la música que generalmente es llamada gótica ha existido en numerosas formas, comenzando con aquellos primigenios grupos de post-punk tímidamente oscuros que dieron lugar a las bandas de rock gótico que apostaban más decididamente por las tinieblas. Posteriormente este tronco común iría diversificándose hasta casi escindirse en dos tendencias difícilmente conciliables: por un lado la dark wave surgida de coqueteos con la electrónica y por otro los sonidos que se aproximaban al metal. Pero mientras tanto el rock gótico languideció hasta su casi desaparición, asfixiado por el encorsetamiento al que muchos de sus exponentes se sometían al intentar conformarse a vacuas convenciones de género. Ya en el siglo XXI el post-punk volvería a ser un genero incluso demasiado relevante, del que surgirá un puñado de grupos interesados en explorar vías más tenebrosas de lo usual. Éste es el caso de Monozid, banda alemana poseedora de un carácter ligeramente más oscuro...

El enterrador tenía razón

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A pesar de no ser partidario de las etiquetas encuentro su uso indispensable para poder organizar en categorías abarcables ese todo ingente que es la música contemporánea. Pero demasiado a menudo resulta más sencillo abusar de dichas etiquetas que emplearlas con mesura, propiedad y, por qué no, con buen gusto. Éste es el caso del término "gótico", que de ser algo soterrado y circunscrito casi en exclusiva al ámbito de las tribus urbanas ha pasado a ser un apelativo chic, susceptible de ser aplicado a la ligera a todo tipo de bandas - desde Marilyn Manson hasta Evanescence - mientras se ciñan a un determinado código estético y su sonido tenga una mínima pretensión oscura. Resulta especialmente llamativa la apropiación que el metal y algunos de sus sucedáneos han hecho de lo gótico, como si la vía que conduce a la negrura pasara necesariamente por la contundencia de una guitarra distorsionada y afinada en re. Y muy al contrario, en la coyuntura actual los auténticos heredero...

Soñando espacios

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Son muchos los grupos musicales que con el paso del tiempo terminan por desaparecer de la memoria, necesariamente en algunos casos y en otros siendo meramente sepultados bajo el peso de lo novedoso. Pero no todas estas bandas son condenadas al olvido de la misma manera y en ocasiones nos hallamos ante una formación de la que todo el mundo habla sin que prácticamente nadie escuche su música. El caso paradigmático es Joy Division, supuesta fuente de inspiración para demasiados músicos y pretendido grupo de cabecera de aún más melómanos. Y sin embargo se trata de un grupo que es mucho más citado que escuchado, que está en boca de muchos pero ha sido olvidado de facto. Aún más perturbador es el destino de otros grupos cuyo nombre y relevancia son enviados a la ignominia del olvido junto con su obra, sin que corran ríos de tinta que nos informen de las bondades de su discografía. Muchas grandes bandas de los años ochenta y noventa del pasado siglo entran en esta categoría pero el caso d...

Temamos a los vivos

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Hace años solía anotar en una hoja de papel los libros que quería leer y que o bien no me podía permitir o bien no podía encontrar en mi entorno más inmediato. No creo que tal lista llegara a comprender más de diez o quince títulos en su momento de mayor extensión, a pesar de incluir perennemente algún que otro clásico cuya obligada lectura aún sigo eludiendo. Pero dejando a un lado los mencionados clásicos, en ocasiones llegaban a transcurrir meses y hasta años entre la aparición del deseo de leer algo y su satisfacción. En algunos casos esta última nunca llegó a producirse y en su lugar el olvido terminaba por engullir algunos volúmenes que pasaban entonces a engrosar otra lista: la de los libros que jamás leería. A pesar de lo aparentemente obsesivo de este sistema, la lista de marras distaba mucho de ser eficaz y finalmente fue sustituida por la pura fuerza bruta de la memoria a palo seco. Es en este particular y personal limbo desde donde hacía años languidecía el nombre de Tho...

Brujas y hadas

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En ocasiones resulta fácil caer en la tentación y emplear adjetivos como atmosférico, ambiental y similares para describir música tediosa, en la que el ruidismo ha triunfado sobre ritmo y melodía. Pero a pesar de lo extendido de este uso eufemístico del término, existen grupos que realmente hacen de lo atmosférico su estandarte y dedican el grueso de su producción a pintar complejos paisajes sonoros. Éste es el caso de los añorados Cocteau Twins, quizá uno de los exponentes fundamentales de esta manera de entender la música, llena de glosolalia y sinestesias. Cocteau Twins es además una de las referencias inevitables al intentar describir Violet Cries , el primer álbum de Esben and the Witch. Esta banda de Brighton presenta aquí una propuesta bastante alejada del pop que se lleva ahora y mucho más próxima a cierto sector del goticismo de los años ochenta. El déjà vu es constante durante la escucha de Violet Cries , durante la cual pueden oirse, además de reminiscencias de los ya m...

Para siempre

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Hace ya unos cuantos años que el concepto de álbum se halla en franco retroceso por razones de diversa índole. Dejando de lado las causas, el hecho es que la canción - o el hit , si así lo preferimos - ha terminado por despojarse del disfraz de single e imponerse al álbum por pura fuerza bruta. Aquellos argumentos iniciales en defensa de los formatos digitales frente al CD como soporte ya auguraban este resultado, con connoisseurs y listos varios afirmando que no querían estar obligados a comprar un disco completo del que sólo les gustaban unos cuantos temas. Una respuesta facilona hubiera podido ser que quizá debieran prestarle su atención a música diferente (o mejor, vaya) pero prefiero no aventurarme por terrenos tan abruptos. En cualquier caso, éstas y otras razones hacen que a veces se me antoje afectado y hasta anticuado hablar de "discos favoritos", como si ello fuera algo afín a calcular precios en pesetas o alquilar películas en un videoclub. Y, sin embargo, no ...

El huevo o la gallina

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A pesar de que Bauhaus nunca llegó a ingresar en la siempre elusiva categoría de mis grupos favoritos tengo que reconocer que los fundadores del llamado rock gótico le pusieron banda sonora a buena parte de mi postadolescencia, con sus oscuras atmósferas y estudiada imagen. De hecho me llegaron a gustar lo suficiente como para no conformarme con sus cuatro álbumes y escuchar algún disco de Love and Rockets, sorprendiéndome al reconocer alguna que otra canción como So Alive por haberla escuchado años atrás en los mismísimos 40 Principales. Y tras haber seguido las andanzas de Daniel Ash, David J y Kevin Haskins no podía dejar de lado la carrera en solitario de Peter Murphy, el cantante y maestro de ceremonias de Bauhaus. Conocí a Peter Murphy a través de una cinta recopilatoria que algún conocido tuvo a bien hacerme llegar y que incluía una siseante grabación de All Night Long . Con el tiempo he llegado a escuchar la mayor parte de su discografía pero a excepción de Deep y Cascade ...

Arañar la superficie

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Tras treinta años en activo casi cualquier banda habrá sido capaz de ofrecer tanto lo mejor como lo peor de lo que sus componentes sean capaces. Es muy probable que también haya dejado atrás cualquier posible evolución estilística y desde luego que será casi imposible que la capacidad de sorprender continúe formando parte de su arsenal. El caso de The Cure se ajusta bastante a este patrón y en la actualidad son dueños de un sonido tan característico y personal como inmutable. Me resulta difícil ver este sonido como otra cosa que no sea pop y sin embargo es más frecuente que The Cure sean percibidos como los grandes abanderados del rock gótico, probablemente ayudados por la imagen del propio Robert Smith o de secuaces como Simon Gallup. Esta peculiar imagen y las cualidades sombrías del grupo siempre han tenido mucho peso a la hora de buscar una categoría apropiada para The Cure. Hace tan solo unos años se habló mucho de la trilogía formada por tres álbumes que según Smith se hallaba...