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Nocturna: feliz en tu día

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Se me ocurren pocos objetos que puedan llegar a ser más interesantes de regalar que un libro, tanto para quien lo hace como desde la perspectiva de quien lo recibe. No creo que haya otro obsequio tan revelador de nuestro conocimiento del destinatario como un volumen bien escogido, amén de los infinitos mensajes que es posible enviar de esta manera. Pero para esto se precisa de cierta familiaridad tanto con el agasajado como con el libro en sí y por ello no suelo regalar libros que no haya leído previamente. Aún así no me gusta agonizar en exceso sobre estos detalles y, lejos de intentar hallar el libro perfecto para cada persona, nunca me ha importado regalar un mismo libro en múltiples ocasiones: quizá no tanto por su carácter polivalente como por alardear de un hallazgo interesante. Y otras veces, las menos, la audacia me conduce a errores como regalar Nocturna , una novela escrita a cuatro manos por Guillermo del Toro y Chuck Hogan (o posiblemente bosquejada por el primero y puli...

H.P. Lovecraft: I am Providence

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H. P. Lovecraft ha arrastrado desde siempre reputación de mal escritor debido al lastre percibido en ciertos elementos estilísticos: su calculado arcaísmo y, sobre todo, los floridos excesos verbales conocidos en la crítica literaria anglosajona como «prosa púrpura». Pero yo no recuerdo haber pensado nunca en Lovecraft como escritor de segunda fila y hoy me doy cuenta de cómo mi primer contacto con su obra fue extraordinariamente inspirador. Así mismo jamás me sentí acomplejado por mi afición a un escritor supuestamente mediocre, quizá a causa de una lectura temprana de There Are More Things : en modo alguno podía avergonzarme de leer a un escritor a quien el propio Borges había estimado oportuno rendir homenaje en un cuento. Pero pesar de haber sido mayormente relegado al gueto de la llamada literatura de género, el imaginario lovecraftiano hoy es conocido por personas que jamás se acercarán a su obra y forma parte de una cultura pop cada vez más similar a una red de arrastre. ...

El nuevo mecenazgo

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A pesar del eclecticismo extremo que hoy se le supone a todo aficionado a la música yo prefiero ejercer el derecho a interesarme solo por lo que me venga en gana, dejando de lado vacas sagradas, viejos dinosaurios y otras imprescindibilidades. Hay estilos a los que apenas me he asomado y no por ello los considero géneros menores. Tan solo se tratan de las fronteras de mi interés en la música, no tan académico como para obligarme a escuchar de todo. El rap es uno de estos géneros por los que siento nula curiosidad, a pesar de algún escarceo juvenil de la mano de aquel recopilatorio titulado Rap'in Madrid y un amago de aproximación a Eminem cuando el estadounidense estaba en la cúspide de su popularidad. Pero no estoy entre quienes han criticado a la redacción de Rockdelux cuando la revista encabezó aquella canónica lista de trescientos álbumes con It Takes a Nation of Millions to Hold Us Back . Es una decisión arriesgada pero respetable y hasta defendible, aunque por lo que a mí...

Viet Cong: Radio Hanoi

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Cada vez que doy por enterrado el resurgimiento del post-punk me veo rebatido por alguna nueva banda, tal vez ansiosa por demostrar que las posibilidades estilísticas del género superan a las alcanzadas por su encarnación primigenia. Aun así, la inclusión ocasional en esta categoría de un disco como el debut de Mourn me llena de perplejidad: máxime cuando el par de canciones que he escuchado del grupo de Barcelona más bien me remiten al sonido de bandas como Best Coast. Por el contrario, la reseña del álbum homónimo de Viet Cong publicada en Mondosonoro sí me hizo pensar que este grupo pudiera ser un nuevo portador de la antorcha. Pero durante el tiempo transcurrido entre la lectura de aquel breve texto y la escucha del disco tuve ocasión de leer una elogiosa crítica en Pitchfork y verlo en Stereogum como álbum de la semana, además de convertirse en objeto de un interesante artículo en The Quietus y, finalmente, aparecer en Jenesaispop. Viet Cong se había convertido en un grupo de mod...

Dead State: estaba de parranda

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El apocalipsis zombi como excusa narrativa para llegar al «fin del mundo tal y como lo conocemos» ha sido usado tan a menudo que su más mínima insinuación me conduce sin demora al aburrimiento. A pesar de ello la fuerza de la costumbre hace que siga comprando —y leyendo— cada nuevo volumen publicado de The Walking Dead , un cómic que desde hace mucho evidencia el agotamiento de su fórmula a pesar de esporádicos destellos de genio. A la lectura del tebeo suelo añadir el visionado de su adaptación televisiva aunque cada vez acudo más tarde a la cita anual con Rick y compañía, tal vez por forzar un ilusorio distanciamiento del ubicuo fenómeno Z. Pero a pesar de este y otros pequeños esfuerzos los zombis siguen sin escasear en mi dieta y, además de recuperar clásicos como Return of the Living Dead , la curiosidad a veces me lleva a aproximarme a productos de consumo de masas como World War Z , de torpe guión y unos efectos visuales que llegan a ser hilarantes en su afán por deslumbrar...

Under the Dome: bienvenido a la colonia

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Nunca he dejado de considerarme un seguidor confeso de la obra de Stephen King aunque la lista de mis lecturas recientes se obstine en mostrar que mi antiguo interés casi se ha esfumado. Y es que ya ha transcurrido más de un lustro desde que leyera el díptico formado por las novelas Desperation y The Regulators , que a su vez fueron publicadas originalmente hace casi veinte años. Quizá la causa de que, a pesar de todo, nunca haya contado a King entre mis autores preferidos sea un prurito esnob pero sí lo considero un valor seguro y he recurrido a él en al menos un par de ocasiones para superar un bache en mi hábito lector. Sin embargo me ha costado disfrutar con Under the Dome , quizá porque en lugar de enfrentarme a un libraco de más de mil páginas he decidido conformarme con su adaptación televisiva. La presencia del propio King como productor ejecutivo - junto a su casi tocayo Steven Spielberg - parecía garantizar un mínimo de fidelidad a la novela pero Under the Dome ha resu...

Cien años de soledad: volverán los oscuros golondrinos

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Además de a nuestros destinos, el transporte público nos conducirá inevitablemente al extravío de algunas pertenencias. Paraguas, guantes y hasta sombreros han sido las víctimas usuales de mis despistes pero nunca hasta ahora había perdido un libro. Quizá el motivo sea que estos fieles compañeros no suelen abandonar mis manos mientras me encuentro en camino a donde sea, por no mencionar que el ruido que producen al caer no pasa tan inadvertido como el de una bufanda. Pero es más posible que esta ausencia de pérdidas haya sido un caso de inaudita buena suerte, tras no pocos años como estudiante y toda una vida de lector. Por supuesto que durante ese tiempo unos cuantos volúmenes han desaparecido de mi biblioteca, aunque la mayoría de bajas se hayan debido a préstamos no culminados en devolución o a accidentes tan vergonzantes como el sufrido por mi primera copia de Ghost World . Sea como fuere, el disgusto causado por esta primera pérdida ha sido mayúsculo, en parte por la inversió...