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Metro 2033: tambores en lo profundo

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No soy un gran aficionado a los videojuegos llevados al cine, a menudo consistentes en mal disimulados intentos de exprimir ciertas propiedades intelectuales hasta sus últimas consecuencias. Y no es que los videojuegos sean forzosamente un material fuente mediocre pero rara vez son afortunados en guionistas y directores, con Uwe Boll siendo lo más parecido a un especialista en este campo a pesar de que su oficio no mejore con el tiempo. En cuanto a sus novelizaciones, ya leo demasiada ficción de género como para dedicar tiempo a libros que me cuesta creer que se hallen en el lado bueno de la ley de Sturgeon. Sin embargo, los videojuegos sí han demostrado ser capaces de adaptar otros medios con solvencia, capturando atmósferas adecuadamente y probando su valía como vehículo narrativo. Dicho esto, he de admitir que conocí el videojuego Metro 2033 antes de saber que estaba basado en la novela homónima del ruso Dmitry Glukhovsky. A pesar de una sinopsis que se limitaba a enfatizar el...

Sustracciones

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Las opiniones sobre la clasificación de la música contemporánea en géneros son variadas, abarcando desde la del etiquetador compulsivo que necesita archivar cada sonido en su correspondiente anaquel hasta la actitud opuesta de quien reniega de todo intento de parcelar lo sonoro. Pero más común es encontrarse en alguna posición intermedia entre ambos extremos, contemplando las etiquetas como herramientas útiles que nos ayudan a entender la música y convierten un todo ingente en categorías más manejables y aprehensibles. Por el contrario, la división en géneros pierde rápidamente esa utilidad cuando se emplea para constreñir las diversas propuestas musicales, encerrándolas de manera artificial en guetos cada vez menores. Pero el intento del ayuntamiento de Fuengirola de proscribir determinadas formas musicales de la feria que allí se ha celebrado recientemente es, además de descaradamente autoritario, imposible de llevar a la práctica con un mínimo de rigor. La relación de géneros m...

Dichosos festivales

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A pesar de mi afición a la música en directo nunca he sentido demasiado interés por los festivales y muy rara vez he llegado a asistir a alguno. Con el tiempo incluso he llegado a cultivar algo de inquina hacia ellos, contemplándolos como uno de los motivos por los que ciertos grupos no recalan en Madrid o la causa de que la ya depauperada oferta de conciertos en mi ciudad se encoja hasta la casi inexistencia al llegar el verano. En particular, las giras de las bandas foráneas de talla «mediana» son constantemente canibalizadas por los festivales veraniegos y muy a menudo su presencia en uno de ellos constituirá su única actuación de ese año en nuestro país, para desconsuelo de muchos. Sin embargo, hace ya algún tiempo que están surgiendo visiones más críticas que abordan el fenómeno de los festivales desde puntos de vista sociales o económicos, sin limitarse al aspecto cultural ni dar por sentado que se tratan de la gran fiesta musical que pretenden ser. Últimamente he tenido oca...

Aurora de rojos dedos

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La saga de Rambo parece hoy un mamotreto difícilmente reivindicable, otro artefacto más de la Guerra Fría reducido a pura antigualla. Quizá fuera posible salvar First Blood pero se ha visto muy lastrada a posteriori por la disonancia moral que presenta con respecto a sus violentas sucesoras, que además tratan temas bien distintos y son políticamente mucho más cuestionables. Especialmente perniciosa es Rambo III , una película que ya nació envejecida al incidir en el conflicto este-oeste en plena perestroika , llegando a retratar a los soviéticos como monstruos capaces de arrancar bebes nonatos del vientre de las mujeres afganas. Al seguir fielmente la retórica norteamericana de la época y repetir sus eslóganes sobre el mundo libre, los luchadores por la libertad y demás propaganda, Rambo III es un filme indigesto que no soporta un visionado actual a menos que uno sea un supervivencialista ansioso por dar uso a su refugio antiatómico. Pero en ocasiones la nostalgia tiene como ob...

Who Goes There?: la ciencia duda

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Hasta hace bien poco nunca me había considerado un auténtico seguidor de la ciencia ficción y en estas mismas páginas he llegado a tildar mi interés en el género, si no de postizo, sí de esporádico y casual. Sin embargo, a medida que mi lista de lecturas retrocedía en el tiempo mi aprecio por la ciencia ficción aumentaba, alimentado por el optimismo y los aspectos sociales presentes en los clásicos de los sesenta y setenta frente al huero nihilismo que caracteriza al cyberpunk , el postapocalipsis y las antiutopías que dominan el género en la actualidad. Así, la ciencia ficción clásica llegó a convertirse en una parte importante de mis lecturas y en combustible para no pocas de mis reflexiones. Sin embargo, mi curiosidad rara vez me había hecho retroceder a periodos anteriores a la década de los cuarenta, cuando la ciencia ficción aun no se había dividido en blanda y dura y todavía consistía en narraciones de carácter más bien pulp . John W. Campbell es uno de los pioneros del géner...

Vota por Pitufo

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Hace ya unos meses que la obra del dibujante belga Peyo goza de renovada presencia en nuestro país, más allá de largometrajes que poco tienen que ver con sus cómics y de la aparentemente imborrable huella dejada por Los Pitufos Makineros. La nueva edición de Johan y Pirluit a cargo de Dolmen ha vuelto a poner a nuestro alcance unos cómics que habían estado ausentes de las librerías durante mucho tiempo, quizá porque antes que «para todos los públicos» siempre habían sido considerados para niños. Y los niños ya no leen tebeos. Pero en mi propia infancia sí tuve la oportunidad de leer un buen puñado de aventuras no sólo de Johan y Pirluit sino también de Los Pitufos . Mi hermana era más partidaria de los segundos aunque yo siempre preferí las aventuras del paje y su escudero, quizá debido a un gusto por lo medieval que alcanza hasta donde puedo recordar, sin duda propiciado por la lectura de no pocos números revenidos de El capitán Trueno y hasta de El guerrero del antifaz . No ...

The Moon is a Harsh Mistress: la política de Selene

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Muy a menudo la naturaleza subjetiva y aleatoria de nuestros gustos es revelada por ciertos autores, que pasan a ocupar posiciones elevadísimas en nuestros panteones personales por mor de un solo libro. Durante mucho tiempo Robert A. Heinlein fue para mí uno de esos one-hit wonders , un escritor de cuya obra era un casi absoluto desconocedor aunque no me cansara de repetir que Forastero en tierra extraña era una de las mejores novelas que había leído nunca. Este libro causó tal impresión en mí que, años después, fui capaz de perdonar a Heinlein el carácter panfletario y políticamente cuestionable de Starship Troopers para leer otro más de sus escritos considerados esenciales. Así es como cayó en mis manos The Moon Is a Harsh Mistress , una novela de ciencia ficción rebosante de un contenido político no tan sospechoso pero igualmente controvertido. Reducido a sus elementos esenciales, el argumento narra los esfuerzos de los colonos de la Luna por sacudirse el yugo terrestre, cuya...