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Silent Hill: no camines en silencio

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Las películas basadas en videojuegos ocupan uno de los últimos lugares en el escalafón de mis apetencias cinematográficas, no demasiado por delante de las películas de superhéroes. Buena parte de la culpa procede de la decepción que supuso Alone in the Dark , vista mucho antes de haber oído hablar de Uwe Boll. Y aunque el olvido suele comportarse como un amigo compasivo tampoco puedo evitar recordar el hastío experimentado ante Resident Evil , transmutado en película de acción y vehículo para el lucimiento de la futura esposa de su director. Lo perpetrado en esta última fue causa de la reticencia con que me aproximé a Silent Hill , tambien inspirada en una serie de videojuegos de horror a los que en este caso ni siquiera había jugado. De hecho, la posibilidad de hacerlo prácticamente ha dejado de existir: hace unos años Konami afirmó haber perdido el código fuente de la segunda y tercera entregas, llamando la atención una vez más sobre la necesidad de preservación de los videojuegos...

Un día perfecto: se fue a la guerra

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La de «cine español» es una categoría que suelo considerar enteramente irrelevante a la hora de decidirme a ver una película. Es cierto que no me intereso con frecuencia por la ficción que suele hacerse en este país, aunque ello obedece por lo general a razones de índole temática: el patrioterismo de los que recientemente se han desgañitado llamando falso español a Fernando Trueba es un sentimiento al que por fortuna soy ajeno. Así, no fue difícil que se me persuadiera para ver Un día perfecto , la última película de Fernando León de Aranoa. Es esta una obra que, gracias a un reparto mayoritariamente internacional, invita como pocas al uso del espurio elogio «no parece española». Pero más allá de lo anecdótico, Un día perfecto es una excelente historia de aventuras en la que el esperado trasfondo social no supone una cortapisa al entretenimiento, de un modo que me hizo recordar lo realizado por Ken Loach en The Angels' Share . Pero las mayores sorpresas de Un día perfecto n...

Tusk: señor Súper

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No me considero un gran seguidor de Kevin Smith pero con el tiempo he llegado a ver la mayor parte de su obra. En su momento me perdí Clerks y le correspondió a Mallrats iniciarme en el particular universo de este director y guionista estadounidense. Desde entonces he faltado a muy pocas citas con sus películas, además de haber visto algunos capítulos de Comic Book Men ; incluso me he aventurado a leer los escasamente memorables cómics de The Green Hornet guionizados por el propio Smith. La reciente Red State supuso una ruptura relativamente traumática con la mayor parte de la obra anterior de Smith, caracterizada por el inofensivo costumbrismo friki como una de sus principales señas de identidad. Smith se adentra aquí en terrenos más complejos y narra con bastante tino —y un notable deje corrosivo— una historia en la que un poderoso desasosiego emana de elementos tan reales como el fanatismo religioso o las extralimitaciones de las fuerzas de seguridad. El poso de inquietud dej...

Jodorowsky's Dune: reverendo Padre

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Hace al menos una década que adquirí en circunstancias inconfesables varios números de la edición española de la revista Métal Hurlant . Yo aún no era un lector regular de cómics pero me las arreglé para encontrar fascinantes algunos de sus contenidos, en particular el extenso artículo de Alejandro Jodorowsky que llevaba por título «Dune: La película que nunca podrás ver». En él, el autor chileno relataba su malhadado intento por llevar a la pantalla la novela homónima de Frank Herbert y cómo se vio truncado por problemas de financiación. Por entonces ya había leído Dune , habiendo llegado a ella desde la adaptación dirigida por David Lynch, que en mi infancia me pareció un fascinante relato de aventuras. Pero mientras la primera continúa siendo una de mis novelas favoritas, el paso del tiempo ha erosionado un tanto mi aprecio por una película que nunca respetó el espíritu del texto original y ni siquiera constituye una obra relevante por méritos propios. Mi familiaridad con estos...

Desventuras sin papel

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Uno de los motivos por los que no compro demasiados tebeos editados en España es el riesgo implícito en tal aventura, que a menudo resulta ser apta sólo para lectores intrépidos. Por mi parte, detesto embarcarme en la lectura de una serie ignorando si será publicada al completo, no ya por causas atribuibles a su autor sino por abandono editorial. Un ejemplo a la postre afortunado ha sido Curiosity Shop , una trilogía escrita por las autoras madrileñas Teresa Valero y Montse Martín. Ni siquiera es necesario extraer estos volúmenes de su anaquel para intuir la azarosa historia de su publicación, visible en unos lomos que lucen sendos logotipos correspondientes a tres editoriales distintas. O no exactamente, ya que los dos primeros tomos fueron publicados por una misma empresa, que al dejar de ser una de las filiales de la francesa Glénat pasó a denominarse EDT. Pero cuando esta última inició su hibernación, transcurrió un tiempo durante el cual el destino de la última entrega de Cur...

Makthaverskan: ¿quién sobrevivirá?

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Mi interés por la música nunca me llevó a convertirme en un oyente habitual de radio, ni siquiera en la época en que era una de las vías primarias para entrar en contacto con nuevos grupos. Siempre dejé este medio en un segundo plano, prefiriendo guiarme por recomendaciones de amigos y conocidos, además de lo leído o vislumbrado en revistas y fanzines. Y sin embargo hoy ha llegado a escuchar mucha más radio que antaño, siempre en la variante de programas a la carta que se ha dado en llamar podcasts y casi nunca de aquellos dedicados a la música. Por ello me ha parecido verdaderamente inusitado conocer a Makthaverskan de este modo, sin saber en un principio quienes eran los autores de aquella canción que me había intrigado casi desde su primer compás. Finalizada la investigación pertinente, Makthaverskan ha resultado ser una joven banda de Gotemburgo que cultiva una variedad de rock gótico en la que se insinúan muchos de los usuales progenitores ilustres, pero evitando holgadament...

La historia interminable: esa es otra historia

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Antes que simple cansancio, creo que lo que está haciéndome postergar mi cita anual con Juego de Tronos se trata de desencanto. Pero mientras me debato entre verla o dejarla correr he caído en la cuenta de mi escaso interés por las adaptaciones de obras literarias a cualquier tipo de pantalla. Me cuesta no abordarlas sin temor a recortes argumentales, personajes irreconocibles o caprichosos cambios en su tono. Incluso para ver La comunidad del anillo tuve que vencer cierta reticencia, mientras que la versión cinematográfica de Sandman que ya se adivina en lontananza solo me produce anticipada perplejidad. No creo pecar de elitismo al señalar que, con frecuencia, las adaptaciones a medios audiovisuales vienen a ser traducciones culturales que devalúan la obra original para atraer a mayores —y más rentables— audiencias. Así mismo, la expectación que muchos sienten ante una versión filmada de las páginas de sus amores me parece un sentimiento sospechoso, una suerte de menosprecio al o...