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Aurora de rojos dedos

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La saga de Rambo parece hoy un mamotreto difícilmente reivindicable, otro artefacto más de la Guerra Fría reducido a pura antigualla. Quizá fuera posible salvar First Blood pero se ha visto muy lastrada a posteriori por la disonancia moral que presenta con respecto a sus violentas sucesoras, que además tratan temas bien distintos y son políticamente mucho más cuestionables. Especialmente perniciosa es Rambo III , una película que ya nació envejecida al incidir en el conflicto este-oeste en plena perestroika , llegando a retratar a los soviéticos como monstruos capaces de arrancar bebes nonatos del vientre de las mujeres afganas. Al seguir fielmente la retórica norteamericana de la época y repetir sus eslóganes sobre el mundo libre, los luchadores por la libertad y demás propaganda, Rambo III es un filme indigesto que no soporta un visionado actual a menos que uno sea un supervivencialista ansioso por dar uso a su refugio antiatómico. Pero en ocasiones la nostalgia tiene como ob...

Who Goes There?: la ciencia duda

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Hasta hace bien poco nunca me había considerado un auténtico seguidor de la ciencia ficción y en estas mismas páginas he llegado a tildar mi interés en el género, si no de postizo, sí de esporádico y casual. Sin embargo, a medida que mi lista de lecturas retrocedía en el tiempo mi aprecio por la ciencia ficción aumentaba, alimentado por el optimismo y los aspectos sociales presentes en los clásicos de los sesenta y setenta frente al huero nihilismo que caracteriza al cyberpunk , el postapocalipsis y las antiutopías que dominan el género en la actualidad. Así, la ciencia ficción clásica llegó a convertirse en una parte importante de mis lecturas y en combustible para no pocas de mis reflexiones. Sin embargo, mi curiosidad rara vez me había hecho retroceder a periodos anteriores a la década de los cuarenta, cuando la ciencia ficción aun no se había dividido en blanda y dura y todavía consistía en narraciones de carácter más bien pulp . John W. Campbell es uno de los pioneros del géner...

Vota por Pitufo

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Hace ya unos meses que la obra del dibujante belga Peyo goza de renovada presencia en nuestro país, más allá de largometrajes que poco tienen que ver con sus cómics y de la aparentemente imborrable huella dejada por Los Pitufos Makineros. La nueva edición de Johan y Pirluit a cargo de Dolmen ha vuelto a poner a nuestro alcance unos cómics que habían estado ausentes de las librerías durante mucho tiempo, quizá porque antes que «para todos los públicos» siempre habían sido considerados para niños. Y los niños ya no leen tebeos. Pero en mi propia infancia sí tuve la oportunidad de leer un buen puñado de aventuras no sólo de Johan y Pirluit sino también de Los Pitufos . Mi hermana era más partidaria de los segundos aunque yo siempre preferí las aventuras del paje y su escudero, quizá debido a un gusto por lo medieval que alcanza hasta donde puedo recordar, sin duda propiciado por la lectura de no pocos números revenidos de El capitán Trueno y hasta de El guerrero del antifaz . No ...

The Moon is a Harsh Mistress: la política de Selene

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Muy a menudo la naturaleza subjetiva y aleatoria de nuestros gustos es revelada por ciertos autores, que pasan a ocupar posiciones elevadísimas en nuestros panteones personales por mor de un solo libro. Durante mucho tiempo Robert A. Heinlein fue para mí uno de esos one-hit wonders , un escritor de cuya obra era un casi absoluto desconocedor aunque no me cansara de repetir que Forastero en tierra extraña era una de las mejores novelas que había leído nunca. Este libro causó tal impresión en mí que, años después, fui capaz de perdonar a Heinlein el carácter panfletario y políticamente cuestionable de Starship Troopers para leer otro más de sus escritos considerados esenciales. Así es como cayó en mis manos The Moon Is a Harsh Mistress , una novela de ciencia ficción rebosante de un contenido político no tan sospechoso pero igualmente controvertido. Reducido a sus elementos esenciales, el argumento narra los esfuerzos de los colonos de la Luna por sacudirse el yugo terrestre, cuya...

Metaliteratura

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Los libros que a su vez hablan de otros libros —reales o imaginarios— me han fascinado desde siempre. El club Dumas de Arturo Pérez-Reverte es el primer ejemplo que se me ocurre pero el mayor cultivador de esta variedad literaria probablemente sea Umberto Eco: dejando a un lado la importancia del elemento libresco en El péndulo de Foucault , tanto en El nombre de la rosa como en El cementerio de Praga los protagonistas son, de algún modo, los libros que vertebran sus respectivas tramas. Y aunque los ensayos sobre literatura constituyen categoría aparte, de tanto en tanto me gusta acercarme a la lectura sobre libros o sobre el propio acto de leer desde un contexto de no ficción. No consigo recordar dónde me topé con ella pero pocas veces una reseña ha conseguido interesarme tanto en un libro como en el caso de Cómo hablar de los libros que no se han leído , del escritor francés Pierre Bayard. Más allá de un título con resonancias de manual de autoayuda y algunas secciones que a ...

Savages: con zapatos rojos

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La resurrección del post-punk que se produjo a comienzos de este siglo finalmente ha terminado por quedar en poca cosa, agotadas las formulas de las bandas en su momento señaladas como punteras. Interpol yace en barbecho tras un mediocre álbum homónimo mientras que Ritual de White Lies fue recibido de manera más bien tibia. Por su parte, Editors dan tumbos entre devaneos electrónicos y pop rock de estadio, haciendo gala de una indefinición que parece más propia de Bloc Party, un grupo que a veces se menciona junto a los anteriores por motivos que me son ajenos. En este contexto está apareciendo una nueva ola de grupos cuya aproximación al post-punk es mucho más radical y hasta fundamentalista, sin aparentes intenciones de poner al día las propuestas ni sonar de manera muy diferente a las bandas de treinta años atrás. Directos y primitivos, su crudeza los asemeja aún más a los grupos punk que inspiraron a sus ídolos, al tiempo que los dota de una oscuridad primordial y casi gótica...

Northern Portrait: la maldición de Morrissey

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Steven Morrissey siempre ha sido una persona extremadamente vocal a la hora de hablar de sus filias y fobias, siendo tan generoso con sus halagos como lenguaraz en sus descalificaciones. Pero en los años noventa del pasado siglo se dio en hablar de una supuesta «maldición de Morrissey», consistente en que si el cantante mostraba su apoyo a un grupo éste terminaría de mala manera y sin haber llegado a desarrollar todo su potencial: ése fue el caso de bandas como Echobelly o Marion entre otras. Suede es uno de los pocos grupos que se salvaría de un destino similar a pesar de que la apreciación del cantante de Manchester incluso le llevaría a interpretar en directo «My Insatiable One». Nunca he conocido la opinión de Morrissey sobre Gene, uno de los grupos que ha saqueado con más clase el legado de The Smiths, aunque la banda también bebe de otras fuentes y sus semejanzas con los de Manchester no van más allá de la voz de Martin Rossiter y un gusto similar en las portadas de algunos de...