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Reserva Espiritual de Occidente: volverá a reir la primavera

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La radicalización del discurso político en cualquier nivel nace demasiado a menudo de una cierta indigencia intelectual, propiciada además por una crispación que vivimos desde hace ya demasiado tiempo. Pero no por ello resulta menos desalentador ver como la ley de Godwin ha saltado de los foros de internet a la vida política española y así, la reductio ad Hitlerum se convierte en un argumento multiusos y cualquier acto puede ser rechazado porque es o se parece a «lo que hacían los nazis», fuera lo que fuera. Es notorio que, antes que descalificar al contrario, estos falaces argumentos desautorizan al que los emplea pero el resultado final siempre es la banalización de episodios tenebrosísimos de la historia, que no debieran ser sacados a relucir por motivos partidistas y políticamente triviales. De diferente naturaleza es la apropiación de símbolos relacionados con los totalitarismos con la mera finalidad de escandalizar. Se trata de una práctica con larga tradición en la escena ...

Strange Boutique: curamos la ceguera

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La labor de reciclaje que la música de comienzos de este siglo está llevando a cabo aún no parece haber alcanzado su límite. Si hace unos años el post-punk hacía sentir su influencia de manera abrumadora, en época más reciente el shoegazing parece ser el movimiento que se reivindica con más fervor. Así, una etiqueta que a finales de los años noventa se empleaba de manera peyorativa para referirse a un periodo de supuesta decadencia del pop, hoy ha pasado a estar de moda y se usa con un orgullo inexistente en la época de su creación. Numerosas bandas siguen aquella estela dejada hace veinte años y hasta My Bloody Valentine ha regresado para publicar un álbum que, a pesar de sus años de retraso, resulta muy apropiado en la presente coyuntura. Más interesante es la actividad de ciertos grupos que emplean el shoegazing como un ingrediente más de sus creaciones, haciendo fusiones impensables y contribuyendo a legitimar este otrora ninguneado género. Por ejemplo, la banda francesa Alce...

Solletico y el hombre de la casa: aunque luego no lo hagamos

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La historia ha avanzado de manera imparable en lo referente a los formatos en los que la música se distribuye: el futuro será digital y quienes abogamos por la existencia física de los discos somos tachados frecuentemente de románticos empedernidos, probablemente porque la mayoría de argumentos que damos en su favor son de esa índole. Y es que un disco es algo mucho más presente en nuestras vidas que cualquier colección de archivos: solido, tangible, difícil de ignorar, con su presencia en el mundo siendo incuestionable excepto para los más cartesianos entre los melómanos. Por contra, lo digital resulta más fácil de pasar por alto a la hora de decidir un menú musical, mientras que su carácter naturalmente efímero no contribuye a la vocación de permanencia que toda música debiera tener. Pero nunca he sido muy aficionado al vinilo y he permanecido obstinadamente ajeno a la resurrección del formato hasta que la publicación de Solletico y el hombre de la casa me ha hecho volver al micros...

Ready Player One: la vieja nueva ola

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Al evaluar cualquier tipo de obra de ficción es inevitable tener en cuenta elementos externos y ajenos a sus cualidades. Casi de manera inconsciente no sólo juzgamos una obra por si misma sino ayudándonos de una extensa panoplia de herramientas exógenas: nuestro bagaje cultural, nuestros prejuicios y las expectativas que nos hayamos generado anticipadamente. Y hay pocas críticas más crueles que las efectuadas por alguien que ha visto dichas expectativas defraudadas por cualquier motivo: la publicidad prometía una película de ciencia ficción que en pantalla resultó ser más bien de acción, nos creímos lo expuesto en la contraportada de un libro o, simplemente, un amigo nos recomendó un videojuego que resultó ser de una temática que no contamos entre nuestras favoritas. Un encuentro con algo muy diferente de lo que esperaba es lo que ha causado que mi opinión final sobre Ready Player One no haya sido tan positiva como preveía. Esta novela se anunciaba como algo escrito con geeks y ...

¿Reyes desnudos?

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Con el paso del tiempo las señales que revelan lo avanzado de nuestra edad se van haciendo cada vez más perceptibles y numerosas. Sin embargo, antes que los indicadores externos de declive físico encuentro más desolador todo aquello que evidencia el avance de la esclerosis intelectual, aún más difícil de combatir. Nos volvemos más "nuestros", tenemos más manías y la cerrazón a salirnos de los senderos ya transitados se convierte casi en absoluta. En lo que a mí respecta, una de las señales que mejor anticipa mi decadencia es la incomprensión de determinadas ideas musicales a pesar de mis esfuerzos. Nunca he llegado a entender por completo a The xx, una banda cuyo nombre sólo me remitía a la enseña de El gran dictador aunque a la postre haya terminado por ser uno de los grupos más exitosos nacidos de la penúltima iteración del post-punk . Pero su preciosismo, sutileza y reverberaciones infinitas sólo me producen perplejidad cuando intento considerar The xx como una banda...

Iain Banks: Problema fuera de contexto

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Encuentro irónico ese afán que a veces mostramos por interpretar una recomendación desinteresada en sentido opuesto al original, en función de los gustos o intereses de la persona de la que proceda. Así podemos considerar el panegírico de una película como una advertencia para no verla jamás, o a la inversa, concluyendo que si a alguien no le ha gustado cierta novela es posible que nosotros sí la encontremos interesante. En todo caso se trata de un juego arriesgado, en el que hay que ser buen conocedor tanto de los gustos ajenos como de los propios y en el que nada nos garantiza el hallazgo del proverbial diamante en el fango. Pero en algunas ocasiones sí es posible alcanzar el éxito a través de esta psicología de andar por casa y me gusta poner como ejemplo de ello la forma en que finalmente descubrí a Iain Banks. Todo comenzó con Nick Hornby, un tipo que suele caerme bien y cuya obra rara vez me ha defraudado. Sin embargo, en un artículo escrito hace unos años reveló unas ínfula...

Wreck-It Ralph: Videojuegos S.A.

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No suelo ver demasiadas películas de animación y tiendo a aproximarme a ellas con no poca cautela. Generalmente me limito a cintas basadas en material con el que estoy familiarizado ( Coraline , James y el melocotón gigante ) o cuya temática encuentro llamativa ( La novia cadáver , Pesadilla antes de Navidad ). De este modo confío en protegerme de los argumentos banales que se prodigan en este tipo de cine, amparados en la pobre y no del todo cierta excusa de estar dirigido a un público primariamente infantil. Pero la peor historia que es posible hallar en estas producciones es aquella que además de estar repleta de clichés contiene elementos ideológicos de carácter conservador o, peor aún, neoliberal. La premisa inicial de Wreck-It Ralph llamó mi atención porque muy rara vez los videojuegos son presentados como un producto cultural legitimo y capaz de generar un discurso válido. Pero más allá de ser una historia mil veces vista a la que la nostalgia le presta buena parte de su e...