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Mr. Robot: domo arigato

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Fight Club es uno de los poquísimos casos en los que me he decantado por una adaptación antes que por la obra original. La película de David Fincher incluye en su guion una dimensión política adicional que, si bien no está en absoluto ausente en la novela de Chuck Palahniuk, sí se aprecia de manera más patente sobre la pantalla. La escena final, en la que las sedes de las compañías emisoras de tarjetas de crédito son demolidas una tras otra mientras escuchamos Where Is My Mind? lanza un mensaje memorable al tiempo que inequívoco. Dejando a un lado lo similar de su planteamiento, lo que me ha impulsado a ver Mr. Robot ha sido la curiosidad por saber hasta que punto su vago mensaje antisistema aparecería bajo una forma domesticada y de fácil digestión. Quizá por ello mi interés no tardó en dar paso a la extrañeza a medida que avanzaba por los capítulos de la serie. Hay quien ha considerado Mr. Robot como una necesaria puesta al día de Fight Club , obviando el hecho de que la vig...

El Reich animalista

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La reciente entrevista a Alaska y Nacho Canut publicada en El Confidencial ha supuesto un comienzo accidentado para la campaña de promoción del último álbum de Fangoria. Además de mostrar que aún hay periodistas que olvidan escribir la segunda «r« de su anterior Cuatricromía , esta entrevista ha puesto de manifiesto una vena egoísta y de carácter incuestionablemente liberal en el dúo, en plena sintonía con el discurso de los poderosos. Las declaraciones han causado cierto revuelo, con el sentir mayoritario posicionándose en contra de lo expresado por la banda aunque no han faltado opiniones a favor. Sin embargo, tan solo dos días después ha aparecido en ABC un artículo de Andrés Calamaro dotado de una capacidad de causar estupefacción incluso superior. Este texto ha tenido una menor difusión viral que la mencionada entrevista a Fangoria, quizá por carecer de un titular tan estupendo como Si te has metido en una hipoteca no pidas luego que te saque el gobierno . Sin embargo, La i...

Is the Is Are: en la de guisar

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Cada nueva noticia de DIIV recibida durante los casi cuatro años transcurridos desde la publicación de Oshin me ha hecho temer por la llegada de su segundo álbum. En este periodo Zachary Cole Smith se ha mostrado más dispuesto a acometer un tópico descenso a los infiernos que a ofrecer nueva música, aunque su detención por posesión de heroína finalmente quedó en anécdota y hoy parece rehabilitado. No obstante, la banda ha tenido que reemplazar a su batería original a causa de similares hábitos destructivos, mientras que la rancia bazofia vertida en internet por su bajista ha causado una controversia a la postre insuficiente para forzar su despido. Sin embargo, mi cotilleo preferido ha sido la escuálida polémica creada hace un par de años por un Smith dispuesto a enmendar la plana a Grimes, acusándola de no ser una auténtica vegana debido a su afición a disfrutar de una tarrina de helado de vez en cuando. Es llamativo que el yonqui que entonces era Smith mostrara tal preocupación por ...

El hobbit: pasaje de vuelta

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No ha sido hasta hace unas semanas cuando por fin he visto la trilogía en que Peter Jackson ha dividido su adaptación cinematográfica de El hobbit , llevado a ello más por mi menguado sentido del deber que por verdadero interés. Ya me había enfrentado a Un viaje inesperado hacía algún tiempo aunque de aquella primera entrega solo recordaba lo volátil de su tono, oscilante entre la levedad de la obra original y la grandilocuencia propia de las grandes gestas. Pero ver estas tres películas casi de corrido me ha hecho apreciar la enormidad de lo perpetrado por Jackson, que ha reducido al mínimo la densidad argumental de una narrativa destinada a ser mero receptáculo de un sinfín de escenas de acción. El CGI hace que el resultado final tenga mucho de videojuego no interactivo, si bien en esencia se asemeja más a la fantasía rolera de un adolescente. Pero son los cambios argumentales con respecto a la novela lo que ha impedido que tome esta adaptación en serio. Comprendo que algunos de ...

M: lo que una vez fue

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He de confesar que la mayoría de miembros de la extensa familia del metal me son casi por completo ajenos. Mis escuchas apenas arañan la superficie de este vastísimo yacimiento musical, que en buena medida parece diseñado para ser inaccesible a los profanos. De hecho, sus vertientes más extremas presentan unas elevadísimas barreras de entrada para un oyente casual, exigiendo perseverancia para alcanzar objetivos tan básicos como que todas esas canciones dejen de parecernos la misma. Mi experiencia con el metal se ciñe a algunos de los más accesibles de sus subgéneros: doom , symphonic y, sobre todo, gothic metal . La abundancia de melodías tenebrosas convierte estos estilos en algo que en otra época pude considerar apetecible. Pero el black metal nunca llegó a entrar en mi discoteca más que de manera testimonial, en parte por la aridez que percibía en aquel sonido y en parte por motivos extramusicales como el feísmo imperante en la imagen de los grupos, lo cuestionable de ciertos ...

Boyhood: amarillismo

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Me ha costado mucho tiempo pero finalmente he conseguido reconciliarme con el estrecho cauce por el que discurre mi interés en el cine. Ya hay demasiados elementos compitiendo por mi atención y con frecuencia paso por alto estrenos que debieran importarme, o descubro tardíamente la existencia de un clásico que aparentemente todo el mundo ya conocía. Pero aunque mi capacidad de obsesión es limitada y colmar estas lagunas no es algo que considere prioritario, ocasionalmente echo mano de diversos recursos para rescatar algunas películas: recomendaciones de amigos, entradas en la IMDb o la Wikipedia y, de manera más infrecuente e inconfesable, esas listas disfrazadas de artículos que tanto se prodigan en revistas como Jot Down . He olvidado cómo llegué a reparar en Boyhood , pero probablemente fuera a través de una de las mencionadas listas, elaborada con la pretensión de enumerar lo mejor de 2014. Los doce años de rodaje en los que vemos crecer (o envejecer) a sus personajes son probab...

American Thighs: el billete dorado

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La importancia de la literatura infantil y juvenil como fuente de inspiración debiera estar fuera de toda duda, habida cuenta del peso de su legado en la cultura popular. La historia interminable es un ejemplo incuestionable, cuya influencia es visible por doquier aún hoy. Pero encuentro de especial interés que al menos tres grupos musicales hayan tomado su nombre de algún hallazgo realizado entre sus páginas: los metaleros Atreyu, los « indies » Vetusta Morla y los inefables Auryn. Por el contrario, tardé muchos años en descubrir que el nombre de Veruca Salt también era literario en origen, con la banda habiendo adoptado el nombre de la niña repelente de Charlie y la fábrica de chocolate . Como siempre, la vergüenza sentida ante cualquier asomo de ignorancia en asuntos de letras me hizo incluir esta novela de Roald Dahl en mi siempre abultada lista de libros pendientes. Y ahí continúa hasta hoy, sin que haya encontrado el momento para ir más allá de la adaptación dirigida por Tim Bu...