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El hobbit: pasaje de vuelta

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No ha sido hasta hace unas semanas cuando por fin he visto la trilogía en que Peter Jackson ha dividido su adaptación cinematográfica de El hobbit , llevado a ello más por mi menguado sentido del deber que por verdadero interés. Ya me había enfrentado a Un viaje inesperado hacía algún tiempo aunque de aquella primera entrega solo recordaba lo volátil de su tono, oscilante entre la levedad de la obra original y la grandilocuencia propia de las grandes gestas. Pero ver estas tres películas casi de corrido me ha hecho apreciar la enormidad de lo perpetrado por Jackson, que ha reducido al mínimo la densidad argumental de una narrativa destinada a ser mero receptáculo de un sinfín de escenas de acción. El CGI hace que el resultado final tenga mucho de videojuego no interactivo, si bien en esencia se asemeja más a la fantasía rolera de un adolescente. Pero son los cambios argumentales con respecto a la novela lo que ha impedido que tome esta adaptación en serio. Comprendo que algunos de ...

M: lo que una vez fue

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He de confesar que la mayoría de miembros de la extensa familia del metal me son casi por completo ajenos. Mis escuchas apenas arañan la superficie de este vastísimo yacimiento musical, que en buena medida parece diseñado para ser inaccesible a los profanos. De hecho, sus vertientes más extremas presentan unas elevadísimas barreras de entrada para un oyente casual, exigiendo perseverancia para alcanzar objetivos tan básicos como que todas esas canciones dejen de parecernos la misma. Mi experiencia con el metal se ciñe a algunos de los más accesibles de sus subgéneros: doom , symphonic y, sobre todo, gothic metal . La abundancia de melodías tenebrosas convierte estos estilos en algo que en otra época pude considerar apetecible. Pero el black metal nunca llegó a entrar en mi discoteca más que de manera testimonial, en parte por la aridez que percibía en aquel sonido y en parte por motivos extramusicales como el feísmo imperante en la imagen de los grupos, lo cuestionable de ciertos ...

Boyhood: amarillismo

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Me ha costado mucho tiempo pero finalmente he conseguido reconciliarme con el estrecho cauce por el que discurre mi interés en el cine. Ya hay demasiados elementos compitiendo por mi atención y con frecuencia paso por alto estrenos que debieran importarme, o descubro tardíamente la existencia de un clásico que aparentemente todo el mundo ya conocía. Pero aunque mi capacidad de obsesión es limitada y colmar estas lagunas no es algo que considere prioritario, ocasionalmente echo mano de diversos recursos para rescatar algunas películas: recomendaciones de amigos, entradas en la IMDb o la Wikipedia y, de manera más infrecuente e inconfesable, esas listas disfrazadas de artículos que tanto se prodigan en revistas como Jot Down . He olvidado cómo llegué a reparar en Boyhood , pero probablemente fuera a través de una de las mencionadas listas, elaborada con la pretensión de enumerar lo mejor de 2014. Los doce años de rodaje en los que vemos crecer (o envejecer) a sus personajes son probab...

American Thighs: el billete dorado

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La importancia de la literatura infantil y juvenil como fuente de inspiración debiera estar fuera de toda duda, habida cuenta del peso de su legado en la cultura popular. La historia interminable es un ejemplo incuestionable, cuya influencia es visible por doquier aún hoy. Pero encuentro de especial interés que al menos tres grupos musicales hayan tomado su nombre de algún hallazgo realizado entre sus páginas: los metaleros Atreyu, los « indies » Vetusta Morla y los inefables Auryn. Por el contrario, tardé muchos años en descubrir que el nombre de Veruca Salt también era literario en origen, con la banda habiendo adoptado el nombre de la niña repelente de Charlie y la fábrica de chocolate . Como siempre, la vergüenza sentida ante cualquier asomo de ignorancia en asuntos de letras me hizo incluir esta novela de Roald Dahl en mi siempre abultada lista de libros pendientes. Y ahí continúa hasta hoy, sin que haya encontrado el momento para ir más allá de la adaptación dirigida por Tim Bu...

Wasteland 2: el futuro usado

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Mi relación con los videojuegos se vuelve más estrecha en determinados momentos, aunque lo esporádico de los mismos en absoluto sea aleatorio. Estos periodos suelen coincidir con situaciones de estrés o con la finalización de algún proyecto de importancia, como si de una manera no del todo consciente intentara hallar algún tipo de alivio o adjudicarme una recompensa. El responsable más reciente de otro buen número de horas sacrificadas frente a mi ordenador ha sido Wasteland 2 , la inesperada segunda parte de un añejo videojuego publicado en 1988. Su financiación a través de Kickstarter fue un gran éxito, teniendo en cuenta que se apartaba de manera muy consciente del actual paradigma dominante. En lugar de un héroe solitario cuyas acciones controlamos en primera persona y riguroso tiempo real, Wasteland 2 recupera la venerable perspectiva isométrica para permitirnos manejar un grupo de hasta siete personajes que resolverán sus batallas por turnos. Esta inesperada primacía del elem...

Absolutamente moderno

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La batalla librada entre los libros en papel y sus contrapartidas electrónicas aún está lejos de resolverse y es difícil anticipar su resultado. Una coexistencia duradera de ambos formatos sería perfectamente posible pero los argumentos en favor de uno u otro a veces son empleados a modo de obuses, como si la lucha mencionada fuera real y solo pudiera sobrevivir el vencedor. El argumentario del bando digital tiene a centrarse en criterios prácticos, alegando lo cómodo de llevar toda una biblioteca personal en el bolsillo, la facilidad de realizar búsquedas en obras de referencia o la gratuidad y sencillez del pirateo. Por el contrario, los partidarios del libro impreso suelen recurrir a un romanticismo algo trasnochado y hasta pequeñoburgués, hablando del entrañable olor de los libros —como si algunos tipos de papel no hedieran a infierno— o lo bien que sus colecciones lucen en sus estanterías. Aunque tiendo a preferir el papel, mis argumentos personales no son mucho mejores ni más ...

El mundo a tus pies: una piedra en el camino

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Creo haberme referido en alguna ocasión a esos libros que a veces parecen perseguirnos, con los que nos topamos una y otra vez en librerías y bibliotecas. Nuestros amigos nos hablan de ellos y los vemos en manos de desconocidos en el transporte público. Pero siempre encontramos un buen motivo para aplazar su adquisición o su simple lectura, hasta encontrar un momento adecuado que tal vez nunca llegue. El cómic Papel estrujado del castellonense Nadar ha sido uno de los últimos libros por los que me he sentido acechado. Los meses pasaban sin que terminara de animarme a hacerme con él, a pesar de su desconcertante tendencia a hacerse el encontradizo en cualquier tienda de cómics. En una ocasión hasta llegué a considerarlo como un posible regalo interesado, de esos que hacemos con el ojo puesto en un regreso temporal en forma de préstamo. Pero finalmente descarté  tal opción a causa de una de mis manías más recientes, la de no regalar libros que yo mismo no...