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El tiempo reencontrado

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Jamás he sido capaz de entender a quienes tachan la relectura de pérdida de tiempo. Son numerosísimas las ocasiones en que un libro es merecedor de una segunda visita, amén de lo necesaria que esta pueda ser para reavivar unos recuerdos estragados por el paso del tiempo. Y, a pesar de los libros nuevos por descubrir, encuentro muy satisfactorias las lecturas que abordo de esta manera, ahondando en historias ya sabidas a despecho de lo que hoy llamamos spoilers . Nunca he releído tantos libros como durante mi adolescencia, debido a unas bibliotecas públicas casi huérfanas de lo que me apetecía leer entonces, así como a una cantidad de tiempo libre en apariencia inagotable. Mi cita con El señor de los anillos era prácticamente anual, en todo momento tenía a medias algún volumen de las aventuras de Astérix y mi colección de novelas de Isaac Asimov nunca llegó a juntar demasiado polvo. Aquel era un tiempo en que podía permitirme dar segundas oportunidades a casi todo y hasta cultivar...

The Door Into Summer: con o sin máquinas

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Nunca he prestado demasiada atención a Regreso al futuro y he terminado por ver estas películas llevado por algo similar al sentido del deber. Parte de mi desgana quizá se deba a unos primeros encuentros harto accidentados: tanto como haber ido a rastras al cine para ver su tercera parte, sin haberle echado un solo vistazo a la segunda entrega y con un visionado fragmentario de la película original por todo bagaje. A pesar de este desencuentro inicial he terminado por reconocer las virtudes de Regreso al futuro y comprender su influencia en la ficción moderna. Ni siquiera The Terminator ha contribuido tanto a la popularización de los viajes por el tiempo y las numerosas convenciones de genero relativas a los mismos, en particular las paradojas causadas al modificar el pasado. Estas elementos, ya explorados en numerosas ocasiones por la ciencia ficción literaria, continúan siendo fuente de inspiración para obras de todo tipo, aunque en ocasiones la tetradimensionalidad se trate de...

Fargons & Gorgons: yo te conozco

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No creo que jamás llegue el momento en que deje de sentir añoranza por los juegos de rol en su variedad más social. Son varios los remedios que empleo para sentir su ausencia de manera menos evidente: desde cuestionables lecturas de cariz fantástico hasta videojuegos de mecánica cada vez más anticuada. Así es como el cómic Fargons & Gorgons llegó a convertirse en una adquisición prácticamente obligatoria, si bien llevada a cabo con cierto recelo. No en vano Josep Busquet y Pere Mejan también cuentan en su haber con Puntos de experiencia , otro tebeo de temática rolera que encontré terriblemente insípido a pesar de haber acometido su lectura con la mejor de las voluntades. A diferencia de Puntos de experiencia , que en su escaso centenar de páginas narraba una única historia con cierta ambición y algún amago de profundidad, Fargons & Gorgons recopila breves historietas de lectura independiente, publicadas originalmente en la revista Amaníaco . Por desgracia, el humor de F...

Silent Hill: no camines en silencio

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Las películas basadas en videojuegos ocupan uno de los últimos lugares en el escalafón de mis apetencias cinematográficas, no demasiado por delante de las películas de superhéroes. Buena parte de la culpa procede de la decepción que supuso Alone in the Dark , vista mucho antes de haber oído hablar de Uwe Boll. Y aunque el olvido suele comportarse como un amigo compasivo tampoco puedo evitar recordar el hastío experimentado ante Resident Evil , transmutado en película de acción y vehículo para el lucimiento de la futura esposa de su director. Lo perpetrado en esta última fue causa de la reticencia con que me aproximé a Silent Hill , tambien inspirada en una serie de videojuegos de horror a los que en este caso ni siquiera había jugado. De hecho, la posibilidad de hacerlo prácticamente ha dejado de existir: hace unos años Konami afirmó haber perdido el código fuente de la segunda y tercera entregas, llamando la atención una vez más sobre la necesidad de preservación de los videojuegos...

Un día perfecto: se fue a la guerra

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La de «cine español» es una categoría que suelo considerar enteramente irrelevante a la hora de decidirme a ver una película. Es cierto que no me intereso con frecuencia por la ficción que suele hacerse en este país, aunque ello obedece por lo general a razones de índole temática: el patrioterismo de los que recientemente se han desgañitado llamando falso español a Fernando Trueba es un sentimiento al que por fortuna soy ajeno. Así, no fue difícil que se me persuadiera para ver Un día perfecto , la última película de Fernando León de Aranoa. Es esta una obra que, gracias a un reparto mayoritariamente internacional, invita como pocas al uso del espurio elogio «no parece española». Pero más allá de lo anecdótico, Un día perfecto es una excelente historia de aventuras en la que el esperado trasfondo social no supone una cortapisa al entretenimiento, de un modo que me hizo recordar lo realizado por Ken Loach en The Angels' Share . Pero las mayores sorpresas de Un día perfecto n...

Tusk: señor Súper

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No me considero un gran seguidor de Kevin Smith pero con el tiempo he llegado a ver la mayor parte de su obra. En su momento me perdí Clerks y le correspondió a Mallrats iniciarme en el particular universo de este director y guionista estadounidense. Desde entonces he faltado a muy pocas citas con sus películas, además de haber visto algunos capítulos de Comic Book Men ; incluso me he aventurado a leer los escasamente memorables cómics de The Green Hornet guionizados por el propio Smith. La reciente Red State supuso una ruptura relativamente traumática con la mayor parte de la obra anterior de Smith, caracterizada por el inofensivo costumbrismo friki como una de sus principales señas de identidad. Smith se adentra aquí en terrenos más complejos y narra con bastante tino —y un notable deje corrosivo— una historia en la que un poderoso desasosiego emana de elementos tan reales como el fanatismo religioso o las extralimitaciones de las fuerzas de seguridad. El poso de inquietud dej...

Jodorowsky's Dune: reverendo Padre

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Hace al menos una década que adquirí en circunstancias inconfesables varios números de la edición española de la revista Métal Hurlant . Yo aún no era un lector regular de cómics pero me las arreglé para encontrar fascinantes algunos de sus contenidos, en particular el extenso artículo de Alejandro Jodorowsky que llevaba por título «Dune: La película que nunca podrás ver». En él, el autor chileno relataba su malhadado intento por llevar a la pantalla la novela homónima de Frank Herbert y cómo se vio truncado por problemas de financiación. Por entonces ya había leído Dune , habiendo llegado a ella desde la adaptación dirigida por David Lynch, que en mi infancia me pareció un fascinante relato de aventuras. Pero mientras la primera continúa siendo una de mis novelas favoritas, el paso del tiempo ha erosionado un tanto mi aprecio por una película que nunca respetó el espíritu del texto original y ni siquiera constituye una obra relevante por méritos propios. Mi familiaridad con estos...