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Viva el mal

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Hay quien atribuye la actual saturación de zombis y el renovado interés por el postapocalipsis en general a la incertidumbre presente en nuestros días, a la necesidad de encontrar consuelo en mundos imaginarios aún peores que en el que nos ha tocado vivir. El periodo de mayor esplendor de estas truculentas historias llegó hacia los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, cuando la Guerra Fría comenzaba a instalarse plenamente en el imaginario colectivo. Pero previamente, ya desde el periodo de entreguerras y los años inmediatamente posteriores a la II Guerra Mundial, había florecido una narrativa de corte antiutópico que nos contaba historias de una humanidad esclavizada y derrotada por ella misma, sometida a alguna forma de totalitarismo sin necesidad de haber padecido un colapso del sistema causado por virus mutantes o guerras atómicas. Al hablar de estas distopías o antiutopías los primeros títulos que suelen citarse son 1984 de George Orwell y Un mundo feliz de Aldous Huxle...

Estos no son los androides que buscáis

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Del mismo modo en que antaño se solia ser socialista "de toda la vida" o en fechas más recientes resulta difícil encontrar votantes confesos del PP, el ámbito de la música pop también se presta a cambios de opinión vertiginosos y giros de ciento ochenta grados. A todos nos gusta subirnos al carro del triunfo y estilos que hoy son denostados mañana podrían llegar a ser reivindicados por sorpresa: tan sólo es necesario que alguien consiga prender una chispa de nostalgia al enarbolar el estandarte harapiento de turno. El actual fervor shoegazer es tan sólo el ejemplo más reciente de los revisionismos de este tipo; aunque tampoco podemos olvidar aquella pasión por lo post-punk que a la postre no fue tan pasajera y, como no, la perenne nostalgia por los años noventa del pasado siglo. La aparición del fenómeno grunge a comienzos de los noventa ha sido interpretada en ocasiones como una reacción a los aspectos más afectados de la década anterior, sustituyendo emperifollamiento...

¡Cuentista!

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No recuerdo cuándo descubrí mi afición por la narrativa breve pero probablemente naciera de forma paralela a mi interés por la lectura en general. Muchos de mis autores preferidos han cultivado esta particular forma literaria - algunos de ellos casi exclusivamente - y suele tratarse de lecturas agradecidas, muy indicadas cuando no creemos disponer de tiempo para dedicar a las letras. En especial cuando además se pretende respetar aquella máxima de Poe, que afirmaba que las piezas literarias deberían ser disfrutadas de una sola sentada. Hay quien se refiere a estas pequeñas obras como relatos ; por mi parte suelo preferir el mucho más encantador término cuentos y éste es el contenido de Delitos para llevar , una colección de cuentos que constituye el primer esfuerzo publicado del periodista Saúl Cepeda, reconvertido para la ocasión en Saúl a secas. Se trata de dieciocho relatos mínimos – incidencias, al decir del autor – unidos por una temática centrada en el crimen y abordada desd...

Pequeños horrores

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La influencia de Lovecraft en todos los ámbitos de la ficción moderna es incuestionable, sin que el mundo del videojuego sea una excepción. Son muy comunes las referencias al estilo de la aparición estelar de Shubb-Niggurath en el primer Quake , aunque los títulos de temática explícitamente cthuloidea sean escasos. Entre estos, además de las primeras entregas de Alone in the Dark no podemos olvidarnos de aventuras gráficas como la entretenida Prisoner of Ice y la mucho menos jugable Shadow of the Comet . Pero tras Call of Cthulhu: Dark Corners of the Earth el panorama se ha mostrado más que yermo, pese a que es posible que nunca haya habido tanto interés en el legado de Lovecraft como hoy. Por ello es una buena noticia que un buen puñado de compañías independientes hayan comenzado a despuntar, creando juegos de diverso pelaje con recursos muy escasos y que se ofrecen a precio de saldo. Los dispositivos portátiles y el creciente interés en el llamado retrogaming han desempeñado u...

Mis odios no son exigentes

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El concepto de placer culpable nunca ha terminado de gustarme. La hipocresía inherente a tal idea entronca con tradiciones tan hispanas como el aparenteo y el qué dirán. Es por eso por lo que, aunque en ocasiones me produzca repelús, no me importa excederme en la sinceridad y admitir que me gustan algunas cosas populares pero que quizá tengan mala reputación en determinados círculos, como las novelas de Stephen King, los videojuegos de BioWare o los discos de Los Punsetes. Los Punsetes es una banda madrileña que no me deja indiferente, a pesar de no ser ni de lejos uno de esos grupos que califico como mis favoritos. De hecho he tenido que esforzarme de veras para conseguir apreciar sus muy ocultas virtudes, entre las que cabe destacar unas excelentes letras que tratan de temas insólitos en un contexto pop: solipsismo, bizarradas varias y una fuerte y nada sutil dosis de nihilismo. Es una lástima que el envoltorio musical se aproxime tan a menudo a la ramplonería, especialmente en lo...

No tan triviales

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Aunque The Smiths adquirieron un estatus casi divino al poco de su disolución y la opinión dominante sobre la banda hoy roza lo hagiográfico, muchos de sus seguidores no están interesados en los diversos proyectos por los que ha ido pasando Johnny Marr e incluso llega a haber quienes abominan de la carrera en solitario de Morrissey. Y sin embargo es incuestionable que la música de este grupo ha pasado a dominar toda una época - al menos a posteriori - y hoy son muy escasas las voces que se alzan para decir algo negativo sobre la banda de Manchester. Noquisiera cuestionar que el legado de The Smiths merezca la mayoría de elogios que se le dedican pero la consecuencia inevitable de tanto panegírico es que la memoria de muchos de sus coetáneos ha tenido que sobrevivir bajo su sombra. Éste es el caso de The Housemartins, un grupo que, aunque en ocasiones fue acusado de ir a rebufo de The Smiths, consiguió forjar una personalidad propia durante el breve tiempo que estuvo en activo. Amba...

Bandas sonoras

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Es incuestionable que los discos en tanto objetos físicos han quedado relegados en buena medida a la condición de artículos de colección o de regalo. No es ése el caso de la música en sí misma, tan presente en nuestras vidas como siempre y hasta de una manera más democrática que en el pasado: por ejemplo, incluso el concepto de "rareza" ha terminado por perder cualquier resto de vigencia y prácticamente toda canción jamás grabada se encuentra al alcance de cualquiera... que sepa de su existencia, claro. Uno de los usos principales que le asignamos a la actual hiperabundancia musical es el de servir de ruido de fondo en nuestras vidas, a modo de banda sonora que nos acompaña mientras desempeñamos cualquier tarea. En este sentido la música es virtualmente omnipresente y, precisamente por ello, es despojada de su carácter especial y se vuelve algo susceptible de ser ignorado, algo que meramente está ahí mientras nos dedicamos a cosas más importantes. Y es que se hace difícil...