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Soñando espacios

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Son muchos los grupos musicales que con el paso del tiempo terminan por desaparecer de la memoria, necesariamente en algunos casos y en otros siendo meramente sepultados bajo el peso de lo novedoso. Pero no todas estas bandas son condenadas al olvido de la misma manera y en ocasiones nos hallamos ante una formación de la que todo el mundo habla sin que prácticamente nadie escuche su música. El caso paradigmático es Joy Division, supuesta fuente de inspiración para demasiados músicos y pretendido grupo de cabecera de aún más melómanos. Y sin embargo se trata de un grupo que es mucho más citado que escuchado, que está en boca de muchos pero ha sido olvidado de facto. Aún más perturbador es el destino de otros grupos cuyo nombre y relevancia son enviados a la ignominia del olvido junto con su obra, sin que corran ríos de tinta que nos informen de las bondades de su discografía. Muchas grandes bandas de los años ochenta y noventa del pasado siglo entran en esta categoría pero el caso d...

¿En qué me he convertido?

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He sido fan de Trent Reznor desde casi siempre y, aunque quizá no escuchara aquel Pretty Hate Machine en su momento, sí he seguido la carrera de este músico de Pennsylvania durante el tiempo suficiente para recordar la época en que Marilyn Manson era considerado casi unánimemente como unos Nine Inch Nails de segunda fila. En cierto sentido me gusta considerar a Reznor como una especie de mentor que ha desempeñado un papel insustituible en mi educación musical: Broken fue el disco con el que aprendí a disfrutar del ruido, no supe lo que era la auténtica complejidad musical hasta escuchar The Downward Spiral y, finalmente, tuve un atisbo del ocaso de los ídolos durante la interminable espera que precedió a la publicación de The Fragile . Si bien he pasado de puntillas por la mayor parte de la producción reciente de Reznor - especialmente por el inabarcable Ghosts I-IV y las bandas sonoras compuestas al alimón con Atticus Ross - no por ello he dejado de seguirla y he prestado toda ...

Anomalía

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A pesar de haber cursado vocacionalmente unos estudios con un currículo centrado en la política, hablar de la misma no es algo a lo que sea muy aficionado. Es ya un tópico repetir que en este país todos nos creemos cualificados para desarrollar casi cualquier labor por especializada que sea y no faltan sarcásticos que afirmen, por ejemplo, que España es el país con más entrenadores de fútbol del mundo... aunque la mayoría desempeñen sus funciones desde su sofá y limitándose a lo teórico. El caso de la política es mucho más sangrante ya que se trata de un tema que nos afecta a todos y cualquiera se siente con derecho, no ya a expresar una opinión propia y tan válida como la de cualquiera, sino a pontificar y a vender juicios de valor e ideologías varias como si se trataran de verdades absolutas, como si las cosas sólo pudieran ser de esa manera y no de otras. No creo que ninguna persona con un mínimo interés en la filosofía o en la historia de las ideas, pueda evitar sentir rechazo a...

Hic sunt dragones

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Cuando me iniciaba como lector de fantasía las opciones existentes al pasar la última página de El señor de los anillos no eran demasiadas. Las librerías especializadas escaseaban y era a las de toda la vida donde el lector medio acudía para descubrir que los títulos fantásticos editados en España eran pocos, reduciéndose a lo publicado por editoriales como Acervo, Martínez Roca o Minotauro. Sin embargo, los libros hacia los que la mayoría de aficionados solíamos gravitar eran las publicaciones de Timun Mas. La presencia casi ubicua de sus lujosas - es un decir - colecciones hacía que permanecer ajeno a Dragonlance y subproductos semejantes fuera difícil y no creo que demasiados aficionados al género escaparan de aquella época ilesos, sin un par de tomos de Reinos olvidados o algo peor en su estantería. Sin embargo, además de aquellos sucedáneos literarios producidos por la extinta TSR, la editorial catalana también publicaba cosas de mayor interés: El éxodo de los gnomos de Ter...

Pequeñas heroínas

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Hace ya bastante tiempo que asisto con cierta frecuencia a conciertos de artistas que conozco muy someramente. Hay pocas cosas que encuentre tan apasionantes como la música en directo y ya queda lejos aquella época de mi vida en la que, acuciado por las limitaciones presupuestarias de la adolescencia, debía conformarme con presenciar alguna que otra actuación de manera muy ocasional. Y por supuesto, únicamente de grupos de los que ya fuera fan porque estas ansias de aventura podían terminar en un caro desengaño: era mejor comprar el disco y aún mejor pedirlo prestado. No sé muy bien cuándo cambió la situación pero actualmente intento asistir a todos los conciertos que mi tiempo me permite, siempre huyendo de las salas de aforo tirando a grande por lo elevado de su coste y lo insatisfactorio de la experiencia que ofrecen. ¿Ir a ver un grupo "grande" en un estadio o similar? Por el mismo dinero prefiero acudir a dos o tres citas con bandas más "pequeñas" en salas d...

Con piel de lobo

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Una molesta tendencia de buena parte de la narrativa actual es prolongar su extensión más allá de lo necesario, introduciendo elementos secundarios que poco hacen por aumentar la profundidad pero sí añaden duración. Y no es que suela hacerle ascos a las obras extensas pero la inversión en tiempo necesaria para disfrutarlas hasta el final a veces resulta difícilmente justificable. Esas trilogías de literatura fantástica que Timun Mas editaba por docenas hoy se han convertido en tetralogías y hasta heptalogías. Películas como la irrelevante Transformers se aproximan a la marca de las dos horas y media. En el prólogo de The Walking Dead Robert Kirkman expresa su anhelo de escribir una saga de zombis que no termine nunca. Las últimas partes cinematográficas de Harry Potter y Crepúsculo han experimentado una inexplicable mitosis y por si fuera poco, en ambos casos se han lanzado globos sonda sobre hipotéticas continuaciones o spin-offs . Y no podemos pasar por alto que Perdidos precis...

Las buenas intenciones

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No han sido pocas las ocasiones en las que, al enfrentarme por primera vez a una obra narrativa del tipo que fuera, me he sentido obligado a dejarla a un lado para retomarla más adelante, una vez transcurrido un periodo de tiempo enormemente variable. Los motivos son diversos aunque en algún caso he regresado a la primera página de algún libro empujado por un obsesivo afán de perfeccionismo, al pensar que sería posible extraer aún más sustancia de las páginas que tengo entre manos. Esto es algo que me ocurre con frecuencia abrumadora en videojuegos de talante rolero, donde mis comienzos en falso se cuentan por decenas. Mucho más habitual es que estos retrocesos se deban a alguna variante del consabido "éste no es un buen momento", cuando percibo la presencia de elementos que deberían cautivarme pero no consigo conectar con la obra. Incluso Juego de tronos tuvo que esperar hasta mejor ocasión por culpa de los estragos que su abultado censo de personajes estaba causando en ...