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En defensa del pop

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Demasiado a menudo ocurre que el término pop es usado de manera despectiva y con ánimo de trivializar, como si el rock tuviera el monopolio de la autenticidad y el pop fuera un mero producto insustancial, fácil de elaborar, digerir y aún más de evacuar. El uso peyorativo de la palabra pop es tan frecuente que parece casi obligado adherirle etiquetas como alternativo o indie para poder referirse de manera respetable a cierta música que, dejando de lado su calidad, no necesariamente supondrá una alternativa a algo o será independiente en el más estricto sentido del término. Pero yo no creo en la dicotomía de rock contra pop y me atrevo a pensar que ambos términos son casi intercambiables en muchos casos. De hecho me gusta hablar de música pop sin prefijos ni apellidos, entendiéndola en su sentido más amplio y no como algo que se posiciona frente al rock o se limita a ceñirse a los sonidos que pueblan las radiofórmulas. Y no es que desprecie todo intento de etiquetado pero no creo nec...

Dunkelbier

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El norteamericano Tim Powers es uno de los pocos escritores que han conseguido mi rendición a la primera salva. Leí La fuerza de su mirada casi por casualidad, quedando fascinado por la osadía de Powers al incluir entre los personajes de una novela decididamente fantástica a unos cuantos poetas del romanticismo inglés, con un lugar de honor para Lord Byron y su copa de amatista. El segundo asalto no tardó mucho en llegar con La última partida , nuevamente una novela con un fuerte componente fantástico aunque estuviera ambientada en la actualidad. Esta vez el hilo conductor era un extraño juego de cartas, un híbrido de póquer y tarot en el que, como no, los participantes no se limitaban a apostar su dinero y lo que se depositaba sobre el tapete era algo mucho más valioso. La llorada desaparición de las colecciones de fantasía de la editorial Martínez Roca sirvió para que encontrara Cena en el palacio de la discordia en la sección de saldos de unos grandes almacenes, a un precio m...

Una nueva vida le espera en las colonias del mundo exterior

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Aunque no creo que la ciencia ficción sea uno de mis géneros preferidos lo cierto es que nunca he tenido dificultades para hacerle un hueco entre mis dispersas lecturas, intercalando aquí unos cuentos de Ray Bradbury y allí una novela de Ursula K. Le Guin. Pero la ciencia ficción que los expertos llaman dura (la que tiene más de ciencia que de ficción, por describirla de alguna manera) siempre me ha parecido algo tediosa, con sus interminables y farragosas explicaciones sobre constantes gravitacionales y física cuántica. Y, claro está, como lector ducho en tales lides suelo leer ese tipo de digresiones cruzando los dedos para que el autor termine cuanto antes con la palabrería pseudocientífica y continúe contándome su historia. Pero Pórtico ha resultado no ser una novela tan "científica" como temía. El norteamericano Frederik Pohl narra una historia que se desarrolla en dos líneas temporales distintas en capítulos alternos: una de ellas es la línea argumental principal d...

El huevo o la gallina

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A pesar de que Bauhaus nunca llegó a ingresar en la siempre elusiva categoría de mis grupos favoritos tengo que reconocer que los fundadores del llamado rock gótico le pusieron banda sonora a buena parte de mi postadolescencia, con sus oscuras atmósferas y estudiada imagen. De hecho me llegaron a gustar lo suficiente como para no conformarme con sus cuatro álbumes y escuchar algún disco de Love and Rockets, sorprendiéndome al reconocer alguna que otra canción como So Alive por haberla escuchado años atrás en los mismísimos 40 Principales. Y tras haber seguido las andanzas de Daniel Ash, David J y Kevin Haskins no podía dejar de lado la carrera en solitario de Peter Murphy, el cantante y maestro de ceremonias de Bauhaus. Conocí a Peter Murphy a través de una cinta recopilatoria que algún conocido tuvo a bien hacerme llegar y que incluía una siseante grabación de All Night Long . Con el tiempo he llegado a escuchar la mayor parte de su discografía pero a excepción de Deep y Cascade ...

¿Sí, señor?

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Generalmente suelo explicarle a mis conocidos que conocí a Robert A. Heinlein a través de la notoria Forastero en tierra extraña , famosa entre otras cosas por ser uno de los libros de cabecera de Charles Manson. Sin embargo me temo que en realidad el primer encontronazo vino de la mano del holandés Paul Verhoeven y su adaptación cinematográfica de Starship Troopers . En su momento Starship Troopers me pareció simplemente una divertida película de acción, si bien no comprendí a aquellos que la tildaban de militarista o incluso la acusaban de celebrar el fascismo cuando lo que yo había percibido era una más que evidente sátira de esos mismos elementos. Por si fuera poco algún que otro sesudo experto en ciencia ficción se quejaba de como Verhoeven se había limitado a rodar una película de acción, dejando de lado y hasta corrompiendo el espíritu de la obra original. Eso bastó para despertar mi interés y me dediqué a buscar un ejemplar de la novela. Ésta hubiera sido una misión sencill...

Jenny loves me

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Cada vez que descubro o me descubren a un nuevo grupo musical que no me deja indiferente suelo dedicar al menos unos minutos a efectuar una pequeña investigación. Generalmente me gusta saber la nacionalidad del grupo e incluso su ciudad de procedencia, además de leer acerca de su trayectoria hasta el momento y verles las caras en alguna fotografía promocional: únicamente tiendo a pasar por alto los videoclips. Pero en no pocas ocasiones mis expectativas se ven ligeramente defraudadas porque la banda en cuestión ya se ha disuelto cuando llega ese momento de mi primer contacto. Por supuesto que ese hecho no le resta valor a la música que ya he escuchado (o me queda por escuchar) pero es desalentador saber que un grupo que me ha hecho vibrar es uno de tantos que nunca veré en directo o cuyos nuevos álbumes nunca aguardaré con impaciencia. Antes que de un grupo se trata de una especie de bello cadáver con aroma exquisito, un estandarte harapiento más. Algo parecido es lo que me ocurrió ...

Quintaesencial

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A pesar de no haber leído más que dos libros (¡y medio!) escritos por Nick Hornby mi relación con este autor es una de las más idílicas que jamás he mantenido, literariamente hablando. Nunca había oído hablar de este inglés hasta que alguien muy cercano a mí me puso una copia de High Fidelity en las manos, conminándome a leerla en un par de días y darle mi opinión. No recuerdo muy bien qué pensé exactamente acerca de la novela en aquel momento pero unos cuantos años y varias relecturas más tarde continúo encontrándola apasionante. Y no es que los temas tratados sean especialmente novedosos pero el envoltorio que recubre a la sustancia es lo que capturó mi atención, con lo musical permeando cada página y el punto exacto de frikismo gamberro que encuentro encantador. Soy tan previsible que con el paso de los años Alta fidelidad ha llegado a ser el libro que he regalado en más ocasiones y uno de los que suelo recomendar a cualquiera que se me aproxime diciendo que no sabe qué leer. Por...