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Perspectiva

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Durante una buena temporada le tuve algo de tirria a Theatre of Tragedy por culpa de la innecesaria versión - casi calco - de Decades con la que se cerraba su EP A Rose for the Dead . En aquel momento me pareció un modo harto afectado de afirmar la sensibilidad gótica del grupo, en una época en la que además el legado de Joy Division no estaba tan sobado como hoy. Pero poco después recibiría en préstamo Aégis , tercer álbum de Theatre of Tragedy y uno de los escasos discos que han conseguido convertirme por sí solos en devoto admirador de una banda. Al igual que los dos álbumes que lo preceden el sonido de Aégis se encuadra decididamente en el gothic metal , si bien algo más blandengue: la voz femenina continúa aportando un toque etéreo pero la masculina ya no recuerda al monstruo de las galletas, por no mencionar los edulcorados arreglos que facilitan la escucha del disco. Parecía claro que Theatre of Tragedy estaba soltando lastre aunque desde luego que yo no estaba preparado ...

Más amores de juventud

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"Sleeper" fue la lacónica respuesta que recibí cuando tuve la idea de preguntarle al dependiente de la tienda de discos por el grupo que sonaba en aquel momento. No recuerdo si el tema en cuestión se trataba de Sale of the Century , Nice Guy Eddie o cualquier otro de The It Girl porque a pesar de mi momentáneo interés lo olvidé sin demora. Pero aunque aquel día no salí de la tienda como flamante propietario de alguno de sus discos no tardaría en volver a toparme con el grupo británico, esta vez en la inolvidable - y un tanto ecléctica - banda sonora de Trainspotting . Sleeper sonaba muy bien entonces, con evidente vocación pop pero sin ápice de ñoñería, amén de tener al frente una chica de enormes ojazos y verbo ágil. La modesta fama del grupo era también otra virtud a mis ojos, facilitándome la tarea de sentirlo como algo propio y personal, como si la música se tratara de un preciado y escaso bien que los fans tuviéramos que compartir. En la misma línea, siempre estuve...

Reencuentro

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Si hubiera descubierto a The Gathering a través de cualquiera de sus dos primeros álbumes es posible que ese primer contacto también hubiera sido el último. Aunque algunos momentos de Always... o Almost a Dance se salven de la quema unas voces insípidas y poco afortunadas deslucen el resultado final. Por suerte el primer álbum de The Gathering que cayó en mis manos fue el soberbio Mandylion , con un sonido mucho más depurado y ya con Anneke van Giersbergen al frente. No hubo transición, The Gathering pasó de ser un mediocre grupo de doom metal a convertirse súbitamente en una banda de culto que contaba con una de las mejores vocalistas de la escena europea, amén de unos músicos capaces de trascender los demasiado estrechos confines del metal. No me atrevería a calificar los últimos trabajos de esta banda holandesa como carentes de interés pero el viraje hacia el trip hop iniciado en if_then_else y consolidado con Souvenirs y Home parecía estar llevando su sonido hacia un ca...

Legado apócrifo

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Las adaptaciones cinematográficas de la obra de H.P. Lovecraft ciertamente nos han deparado una buena cantidad de horrores. Pero por desgracia no me estoy refiriendo al horror cósmico tan amado por el caballero de Providence sino al horror mucho más pedestre que en los círculos de expertos suele ser denominado "bodrio". A pesar de la existencia de al menos una honrosa excepción (que me gustaría tratar en estas páginas) y del hipotético proyecto de Guillermo del Toro para filmar En las montañas de la locura el legado de Lovecraft ha aparecido con mayor fidelidad no en las películas directamente inspiradas por su obra sino, paradójicamente, en historias a priori ajenas a la misma pero que encapsulan su espíritu con un acierto quizá no del todo intencional, como La cosa de John Carpenter. Al añadir a lo expuesto el precedente patrio de la nefasta Dagon no podía evitar afrontar la visión de La herencia Valdemar con una mezcla de ilusión y pesimismo en parecidas dosis. Sin ...

Coda MMIX

En estas fechas suelen proliferar los artículos-lista, compilaciones de lo mejor de esto, lo peor de aquello, lo más vendido y demás. Pero voy a prescindir de escribir algo de esa índole, no porque haya decidido no hacerlo invocando algún elevado principio personal sino porque no me parece interesante escoger un número arbitrario (¿diez? ¿veinticinco? ¿ cien ?) de artículos de nuestra cultura de consumo y explicar por qué los considero merecedores de un puesto en mi personalísima lista y por qué creo que sirven de resumen de mis últimos doce meses. Preferiría en todo caso elegir algún hallazgo tremebundo, de esos que marcan una vida y que son capaces de producir obsesión. Y no es que este año haya sido parco en descubrimientos de ese tipo pero los primeros que acuden a mi mente ya han encontrado un hueco entre estas páginas y si tengo que ponerme a recordar activamente alguno de los demás quizá se deba a que no fueron tan especiales a pesar de todo. La memoria es traicionera pero el...

Estoy aquí para ayudarte

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Hace ya unos meses que se estrenó Moon , el primer largometraje de Duncan Jones, y a la postre ha resultado imposible no enterarse de que el padre del director británico es un tal David Jones, alias David Bowie. Es un detalle de buen gusto que el novel director de cine no haya optado por cobijarse explicitamente bajo el seudónimo de tan augusto progenitor, además de llevarse unos cuantos puntos extra por apartarse de la tradición familiar y verter sus inquietudes artísticas en un medio distinto al escogido por su padre. Moon es una interesante historia de ciencia ficción que trata temas en su mayor parte ajenos a lo puramente fantástico, aunque no especialmente inusuales en el género. En el fondo Moon no es más que una nueva vuelta de tuerca a la vieja reflexión acerca de lo que nos hace ser humanos y aunque su sustancia no sea especialmente novedosa, su envoltorio resulta sorprendente. Superficialmente la película podría parecernos una amalgama de préstamos procedentes de 2001: ...

James T. Shepard

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Una parte sustancial de los aficionados a los juegos de rol computerizados lleva lustros afirmando que el famoso Baldur's Gate en el fondo no fue para tanto y que las auténticas vacas sagradas del género en la pasada década son Fallout y Planescape: Torment , ambos desarrollados por Black Isle. Pero, apasionantes como esos juegos me parecen, siempre he sentido especial cariño por el antediluviano Baldur's Gate . En general mi aprecio se extiende a todas las producciones de BioWare y siempre he disfrutado con al menos algún aspecto de cada una de ellas, a pesar de su épica de cartón piedra y su moralidad en blanco y negro. O quizá precisamente por esos mismos elementos, capaces de recrear en buena medida aquellos encantadores e ingenuos mundos fantásticos al viejo estilo de Dungeons & Dragons . Pero en algunas ocasiones Bioware ha dejado a un lado los manoseados estereotipos de espada y brujería para probar nuevas ambientaciones, como en el caso de Mass Effect . Mass Ef...