The Witch: luna de mil caras

Aunque no me siento obligado a que mis gustos reposen sobre una sólida base analítica, sí necesito comprender por qué algo es de mi interés o no. Precisamente, el desasosiego experimentado mientras veía The Witch tiene que ver más bien con este punto antes que con lo mostrado en pantalla, a pesar de que esta película se intuía perturbadora ya desde su tráiler. En esta ocasión el escenario es algún lugar de la Nueva Inglaterra rural de comienzos del siglo XVII, cuando una familia abandona la comunidad puritana a la que pertenece para fundar una granja por su cuenta en algún lugar dejado de la mano de dios. El metraje no avanzará demasiado antes de dar paso a los usuales sucesos extraños, presenciados siempre desde el punto de vista de los miembros de la familia a excepción del momento en que presenciamos el destino final del bebé raptado. Por desgracia, esta escena viene a destruir en buena medida el misterio planteado, sin aportar gran cosa a un relato de pretendido horror psicológ...