La historia interminable: esa es otra historia

Antes que simple cansancio, creo que lo que está haciéndome postergar mi cita anual con Juego de Tronos se trata de desencanto. Pero mientras me debato entre verla o dejarla correr he caído en la cuenta de mi escaso interés por las adaptaciones de obras literarias a cualquier tipo de pantalla. Me cuesta no abordarlas sin temor a recortes argumentales, personajes irreconocibles o caprichosos cambios en su tono. Incluso para ver La comunidad del anillo tuve que vencer cierta reticencia, mientras que la versión cinematográfica de Sandman que ya se adivina en lontananza solo me produce anticipada perplejidad. No creo pecar de elitismo al señalar que, con frecuencia, las adaptaciones a medios audiovisuales vienen a ser traducciones culturales que devalúan la obra original para atraer a mayores —y más rentables— audiencias. Así mismo, la expectación que muchos sienten ante una versión filmada de las páginas de sus amores me parece un sentimiento sospechoso, una suerte de menosprecio al o...