Mr. Robot: domo arigato

Fight Club es uno de los poquísimos casos en los que me he decantado por una adaptación antes que por la obra original. La película de David Fincher incluye en su guion una dimensión política adicional que, si bien no está en absoluto ausente en la novela de Chuck Palahniuk, sí se aprecia de manera más patente sobre la pantalla. La escena final, en la que las sedes de las compañías emisoras de tarjetas de crédito son demolidas una tras otra mientras escuchamos Where Is My Mind? lanza un mensaje memorable al tiempo que inequívoco. Dejando a un lado lo similar de su planteamiento, lo que me ha impulsado a ver Mr. Robot ha sido la curiosidad por saber hasta que punto su vago mensaje antisistema aparecería bajo una forma domesticada y de fácil digestión. Quizá por ello mi interés no tardó en dar paso a la extrañeza a medida que avanzaba por los capítulos de la serie. Hay quien ha considerado Mr. Robot como una necesaria puesta al día de Fight Club , obviando el hecho de que la vig...