Estandartes harapientos
En el ámbito de la música pop hay numerosos artistas de los que se habla con reverencia de manera casi universal, cuya sola mención basta para revestir a quien los cita con un aura de sabiduría y buen gusto. Y sin embargo a veces no puedo evitar tener la sensación de que estas vacas sagradas son sacadas a relucir mucho más a menudo de lo que se escuchan sus canciones. El caso arquetípico del que no puedo dejar de hablar es Joy Division, un grupo que vuelve a estar de moda casi treinta años después de su desaparición gracias a la reciente película de Anton Corbijn, el aún más reciente documental de Grant Gee y las comparaciones más o menos afortunadas con grupos como Interpol, Editors y otros. La reivindicación de Joy Division no es un fenómeno nuevo pero ha alcanzado nuevas cotas durante la presente década y por fin parece que hayan dejado una huella sonora audible y casi palpable. De hecho se ha llegado a producir un curioso efecto rebote, con grupos como White Lies cargando con ar...