Viva el mal

Hay quien atribuye la actual saturación de zombis y el renovado interés por el postapocalipsis en general a la incertidumbre presente en nuestros días, a la necesidad de encontrar consuelo en mundos imaginarios aún peores que en el que nos ha tocado vivir. El periodo de mayor esplendor de estas truculentas historias llegó hacia los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, cuando la Guerra Fría comenzaba a instalarse plenamente en el imaginario colectivo. Pero previamente, ya desde el periodo de entreguerras y los años inmediatamente posteriores a la II Guerra Mundial, había florecido una narrativa de corte antiutópico que nos contaba historias de una humanidad esclavizada y derrotada por ella misma, sometida a alguna forma de totalitarismo sin necesidad de haber padecido un colapso del sistema causado por virus mutantes o guerras atómicas. Al hablar de estas distopías o antiutopías los primeros títulos que suelen citarse son 1984 de George Orwell y Un mundo feliz de Aldous Huxle...